domingo, 9 de noviembre de 2008

Por fin


El cuatro de noviembre pensaba quedarme en casa, con un vinito en una mano y el mando a distancia en la otra. Cuando le comenté mi plan a mi madre me acusó de seta y me dijo que me apuntara al sarao que montaban en Duke. Yo hice hecho caso omiso. Recién descorchado un tinto me llamó mi vecino Peter para animarme a dicho sarao. Al final me dejé convencer mientras me decía que una noche histórica es mejor no pasarla sola.

Llegamos al Sanford Institute of Public Policy a eso de las 9 pm. Había comida, cerveza y vino gratis. También se habían reunido allí unas 500 personas, de las cuales unas 490 eran simpatizantes de Obama. En el cuartillo donde daban los resultado vía Fox News estaban los 10 republicanos resignados que con un par habían decidido salir de su casa para ver la derrota de su candidato en compañía. De ser ellos yo creo que me hubiera quedado en mi casa, pero con algo más fuerte que un vino. A eso las 11 pm oímos un estallido de aplausos y gritos pero con tanta gente no alcanzabamos a ver la pantalla gigante. A pesar de que todas las encuestas le daban la victoria a Obama yo tenía el corazón encogido. Respiramos tranquilos al darnos cuenta de que los gritos confirmaban lo que todos llevábamos meses esperando. Hay que ver lo bien suena eso de President Barack Obama.

Peter y yo nos quedamos a escuchar las declaraciones del derrotado. Después nos fuimos corriendo al coche y volvimos desempedrando a mi casa para ver el discurso de nuestro siguiente presidente. Es el I have a dream de nuestra generación. Cuando de pequeña escuchaba a Martin Luther King Jr. en las cintas de cassette de mi madre nunca pensé que viviría un momento de una relevancia histórica similar. Para celebrar mi equivocación me serví una copa del vino que seguía abierto en la encimera.

Si alguien me hubiera dicho hace cuatro años que tendríamos a alguien como él en la Casa Blanca le hubiera mandado a donde da la vuelta el aire, por iluso. Sin embargo el cambio ha llegado, y ya era hora. Muchos estamos hartos de defender que entre la mayoría del pueblo americano y los actuales simpatizantes de George W. Bush media un abismo. A esos que dicen que Obama va a destrozar el país, por marxista, por negro, por blanco, por inexperto... les digo primero que beban agua y segundo que ellos ya tuvieron su momento. Este país que tanto dicen amar es una democracia y el pueblo se ha pronunciado. Ahora es nuestro momento. Por fin podemos llamar al ocupante del 1600 de Pennsylvania Avenue nuestro presidente con la cabeza bien alta.

lunes, 13 de octubre de 2008

Pasados de tuerca


Hoy me ha comentado un compañero una noticia interesante: una chiquilla se ha cambiado legalmente el nombre de Jennifer Thornburg a Cutout Dissection.com. Es decir, que la pava esta se ha puesto Eliminar como nombre de pila y de apellido Disección.com. Con un par. Por lo visto nuestra querida Cutout trabajó de becaria para PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), esos que se pasean desnudos todos los años, pancarta en mano, por los San Fermines. Se ve que la experiencia la inspiró de tal manera que decidió dar su nombre por la causa. PETA, agradecidísimos por esta muestra de dedicación, le ha dedicado una página a la ex-becaria. La dirección no podía ser otra: http://www.cutoutdissection.com. El angelote tiene cara de comprometida y de que le guste mucho el tofu.

¿Sabéis quién tiene también un sitio web propio? Nuestra ministra de Igualdad: Bibiana Aído. Bueno, ella más bien hace colección de páginas. Flicker (fotillos con sus colegas del partido, comics tronchantes, gráficos), ¡sile!, blog (con mogollón de @s que es lo último), ¡sile!, canal YouTube (cantidad de entrevistas en las que sale divina), ¡sile!, Twitter (qué le gustan las redes sociales), ¡sile! Le voy a cambiar Facebook y Myspace, que los tengo repes, por un enlace en su blog. Juventud, progreso, modernidad: divinos tesoros.

Tanto Cutout (cada vez que tecleo su nombre me descojono, porque me da la gana, Bibiana) como la ministra Aído defienden causas validas con las que estoy mayormente de acuerdo pero les pierden las formas. Como dicen por estos lares, "you have to pick your battles", "tienes que escoger tus batallas". Hay mejores maneras de promover la igualdad que dando patadas al diccionario y mejores maneras de impedir la muerte de animales inocentes que ponerte un nombre irrisorio. Deberían conocerse estas dos luchadoras natas. Con los sabios consejos de Bibiana, Cutout podría llegar hasta la Casa Blanca. Candidatas más raras se han visto.

Hablando sobre Cutout en el laboratorio, hemos mentado a otros personajes que también me encantan: los diecinueve miembros de la famila Duggar. Son diecisiete hijos, papá y mamá. Como su prole les sabe a poco, tienen otro churumbelico en camino, bendito sea el Señor. Por si ser una familia-orquesta relinda no fuera suficiente para querer darles un achuchón colectivo, todos los hijos tienen nombres que empiezan con J. Dios mío qué ricura. Con semejantes portavoces lo que no entiendo es como hay americanos que no están adscritos al movimiento Quiverful. Mañana mismo me voy a hacer de este grupo cristiano-evangélico que nos incita a todos a "recibir cuantos hijos Dios nos quiera dar".

Visto lo visto, si quiero que la gente me preste atención tengo mucho que aprender. Voy a parir 50 churumbeles y les voy a poner a todo@s el mismo nombre: Memolanlas Patatasbravioli.com. Vamos a montar una troupe de expresión corporal para llevar el mensaje de la Iglesia del Flying Spaguetti Monster por todo el mundo. Os dejo para a ponerme a ello.

domingo, 12 de octubre de 2008

La casa de una gafotas

Lo prometido es deuda: mi casa por fin está presentable. Aquí tenéis las fotos*. Hoy me he deshecho de las últimas cajas gracias a una cómoda que he comprado. He tardado tres horas en montarla, y eso que no he metido la pata ni una vez. No os la voy a presentar porque estamos regañadas. Durante el proceso de montaje me ha arañado repetidamente. He tenido un fin de semana de una torpeza infinita. Al desmontar las cajas con unas tijeras me he pegado un tajo en la mano de unos tres centímetros. Yo creo que era para compensar que ayer, mientras rallaba patatas, me llevé un cacho de la otra mano por delante. Como dice mi amigo Julián, soy una gafotas.


A pesar de mis heridas de guerra os voy a dar un tour por La República Independiente de mi Casa. Según entras te encuentras con un pasillito. A la derecha hay una armario y a la izquierda tengo colgado un espejo antiguo en el que hay encajada una foto en sepia de Venecia. Monísimo. Esa barra que se ve a la derecha es parte de la cocina americana. Esa pizza, echa por una servidora, no es de atrezo. Me he comido la mitad antes de ponerme a escribir. Mi cocina es chiquitusa pero tiene de todo; hasta un mini-mueble para vino encima de la nevera. Tampoco me faltan electrodomésticos: cafetera programable, batidora, tostadora, microondas gigante...

Si seguimos andando en dirección paralela a la parte más larga de la barra y giramos a la derecha nos encontramos con el comedor, o mejor dicho, la sección comedor del salón-comedor-estudio. La mesa por lo visto es antigua. Me la encontré llorando en el sótano de mi abuela y me dije "a la saca", o más bien "al camión". Ayudé a mi madre a lijarla a mano, a darle un tinte y a darle cuatro capas de barniz, que se dice pronto. Cuando estoy en una encrucijada, y no se por dónde tirar me pongo mi gorro de cowgirl, me abro una birrita, y con un trozo de césped en la boca dejo que la mecedora me aclare la mente. Ésta y la otra silla también me las encontré danzando por la casa de mi abuela. Las estanterías las monté yo mismita. No sólo no tardé tres horas sino que además no se ensañaron conmigo, lo cual agradezco.

Si venimos de la cocina, y en vez de girar a la derecha seguimos to tieso nos encontramos con el salón-estudio. El extra es mi vecino Peter. No tiene internet porque dice que le distrae. Así que cuando necesita consultar algo se baja del tercero al segundo a hacerle una visita a mi Mac. Hoy me ha pillado con la mascarilla de maíz azul en la cara y el antifaz antibolsas puesto. Como no ha salido corriendo me reafirmo en que es un tío cojonudo. El futón está solito, esperando cualquier vista para convertirse en una comodísima cama. Las estanterías esas también las monté yo. A ver si el año que viene ahorro un poquito y me compro una tele para la cual no necesite gafas de aumento. Sí, eso que veis al fondo es una terracita. Caben dos sillas como máximo pero a mí me sobra.

Si al llegar al futón giramos a la izquierda entramos en el baño. He colgado unas fotillos en plan paisajístico para relajar a las visitas. A la izquierda tengo un lavabo y unos armarios, nada del otro mundo. Por aquí no hay mucho más. Vamos a darnos la vuelta.

Si al salir del baño giramos a la izquierda llegamos a mi habitación. Mi cama es mi lugar favorito de la casa. El colchón me lo traje de Worcester pero la cama es nueva. A la izquierda tengo una cómoda, con la que estoy de buenas, y un armario en el que podría entrar andando con facilidad si no fuera por las cantidades ingentes de ropa que tengo. A la derecha tengo un ventanal que ocupa casi toda la pared y la cómoda malvada.

Ahí los tenéis, mis 61 metros cuadrados. Están un poco vacíos pero todo se andará. Os prometo que mi chocita parece más grande al natural. Si no me creéis pues venid a verme y lo comprobáis vosotros mismos. Si venís en manada y el futón no es suficiente tengo también un colchón hichable que es gloria bendita. Si con eso no os he convencido me rindo.

*Siento que no sean mejores; hago lo que puedo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Por amor al baloncesto

Si queríais una americanada, y sino también, os vais a tomar tres tazas. Este fin de semana me he ido de acampada. Pero no os penséis que me he ido al campirri, no. He estado 36 horas exactas, desde las siete de la tarde del viernes hasta las ídem de la mañana del domingo, acampando en todo el medio de la universidad con otros 1500 estudiantes de postgrado. Es el Duke Graduate Student Basketball Campout*.

Os preguntaréis, ¿qué tiene que ver el baloncesto con irse de acampada? Pues en Duke mucho. Si quieres entradas para toda la temporada de baloncesto tienes que acampar. Los más normales lo hacemos en tiendas y los pijales en caravanas. Pero la cosa no es tan sencilla. Los organizadores tienen una sirena, como las que hacen sonar en las películas de guerra cuando se acercan los bombarderos, con la que te pueden tocar la moral en cualquier momento del día o de la noche. En cuanto la oyes te tienes que acercar a una carpa, ponerte en la fila que corresponde a tu apellido y esperar a que un paisano te ponga una crucecita al lado de tu nombre. Repito que esto lo hacen 1500 personas, todos a una, Fuenteovejuna. Si faltas al toque de diana más de una vez ya no puedes optar a las entradas.

Como os podéis imaginar, es un fiestón en toda regla. Hay DJs, karaoke, torneos de Guitar Hero, y mucho mucho alcohol. La peña va como Las Grecas y claro, les da un poco más igual que toquen la sirena a las tres la primera noche. Eso sí, te acuerdas de la madre de más de alguno cuando ya te has dormido y te despiertan a eso de las seis de la mañana. Esto pasó tanto el sábado como el domingo. También es divertidísimo cuando el sábado por la noche, o más bien el domingo de madrugada, lo único que quieres es sobar y te tocan la sirena, además de los cojones/ovarios o lo que sea, tres veces en viente minutos. Te levantas como puedes, con un resaca de órdago y una legaña atravesada. Después te acercas a la carpa arrastrando los pies y soltando todo tipo de improperios.

Ah, hay que decir que no hay baños, sino letrinas y que tampoco hay duchas. Si te quieres asear el sábado tienes que dedicar cuatro horas, desde las ocho de la mañana hasta el mediodía, a una de las actividades de voluntariado que tienen organizadas. Al terminar te dan una hora y media para que te vayas a casa, te duches y vuelvas al campamento. Yo, por supuesto, daría mi reino por estar limpita así que me apunte al proyecto del Centro de Víctimas de Violencia Sexual de Durham. Tienen una tienda en la que venden ropa y accesorios que la gente dona. Todo lo que sacan va para ayudar al centro. Así que me pasé la mañana etiquetando y colgando ropa. Al terminar me fui a casita y me di una ducha gloriosa. Me costó la vida decirle que no a mi cama suplicante y volverme al campamento.

Como ya habréis deducido, en Duke el baloncesto es una religión. Los miembros del equipo son unos semidioses presididos por su entrenador, el divino Mike Krzyzewski. Como los estudiantes no tenemos un duro para compararle unas vocales al susodicho preferimos llamarle Coach K. No sólo es el entrenador del equipo de Duke sino también del equipo olímpico americano. Si, de esos que nos robaron el oro en Pekín. El caso es que Coach K y sus chavales se acercaron al campamento el sábado por la noche a saludar al personal. Él es un cachondo. Nos habló sobre su plan de ataque de este año, se marcó unas guasas, y nos enseñó el vídeo que les puso a los jugadores del equipo olímpico antes del último partido. Me tocó un poco la patata, y eso que a mí los deportes me emocionan menos que un cocido.

Se me ha olvidado comentar que esto del campout es trabajo en equipo. Es decir, que quien gana entradas en un grupo de colegas las comparte con el resto. El coste, 150 dólares, también se reparte. Nosotros éramos diecisiete, apodados Los Chefs porque para ir a los partidos nos vestimos de esta guisa. En Navidad me voy a comprar un delantal de lunares para darle un toque flamenco al grupo. Así se me verá mejor cuando pongan los partidos en la tele. Cada chef tiene un utensilio de cocina característico. Yo creo que me voy a pedir el mortero.

Al terminar esta locura, todos aquellos que no se hayan perdido más de un toque de diana entran en el sorteo de las entradas. Dependiendo de las veces que hayas acampado y de la suerte que hayas tenido en años anteriores la probabilidad de que te toquen las entradas cambia. Yo, por primeriza, tenía una papeleta, los que acamparon el año pasado pero sin coseguir entradas tienen tres, lo que llevan dos años sin conseguir entradas tienen cinco papeletas y así sucesivamente. Si te tocan las entradas al año siguiente sólo te corresponde una papeleta. De los diecisiete que éramos en mi grupo han ganado nueve. Y digo han porque yo no he tenido mucha suerte. Simpre me quedará el año que viene. Aún así voy a ir a más de la mitad de los partidos. La movida es que yo no soy muy fan del baloncesto. Bueno, tengo un mes para convertirme en una devota más, para buscarme un gorro de cocinera y para comprarme un mortero.

*Aquí tenéis un vídeo donde se ve mejor de qué va el rollo que en mis fotos.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Un Merlot sabroso en la tómbola

A riesgo de repetirme voy a decir que desde que he llegado he tenido la suerte de conocer a gente de pu... estupenda. El único defecto que tienen es que, al no ser ingenieros, tienen menos tiempo libre que yo, de momento, y por ende salen menos. Por esto mismo me quedé en casita el viernes. Sí, triste pero cierto. Mientras algunos estabais de farra en las siempre grandes Fiestas del Santísimo Cristo de los Remedios yo estaba con un Merlot en la mano viendo una película, mala por cierto. La verdad es que no me viene mal prescindir juerga. Así ahorro. Esa es la versión oficial.

El sábado fue un día de esos en los que el césped es más verde, el sol brilla más, y los pájaros cantan mejor. Mundo de Yupi. Todo esto tiene más mérito todavía cuando tenemos en cuenta que fui al laboratorio de diez de la mañana a dos de la tarde. Repito, un sábado. Josh había quedado en hacerle unas pruebas a un sujeto implantado y yo quería verlo. No es por hacerme la interesante pero creo que no puedo dar muchos detalles, por cuestiones de ética al tratar con sujetos humanos. Lo que sí puedo decir es que el hombre fue encantador. Entre prueba y prueba me contaba su historia, su antes y después del implante. Me toco la patata y tuve que esforzarme por que no se me escapara ni una lágrima. No se mucho sobre el protocolo en este tipo de situaciones pero creo que llorar no es lo más profesional.

Por la noche quede con Andrea, Doménico y Germán*. Sabíamos que había un sarao en la universidad llamado Salsa on the Steps. El grupo de baile latino, Sabrosura -esto hay que decirlo siempre con accento cubano mientras uno se contonea, sino pierde la gracia- organizaba unas clases de salsa seguidas de baile libre. El lugar elegido: las escaleras delante de la capilla de Duke. Lo de capilla creo que se queda un pelín corto. Había gente que bailaba de vicio, como Andrea y Germán. Ambos son colombianos y se nota que, como se suele decir en estos casos, lo llevan en la sangre. También había un grupo de angelotes, guiris en su gran mayoría, arrítmicos. A ver, yo me niego a bailar salsa delante de un grupo de latinoamericanos que me dan sopa con ondas. Sin embargo, mejor que algunos de esos pobres si que bailo. Al final me animé pero mi valentía sólo duró una canción. De aquí a unos meses voy a montar un evento algo más cañí: Flamenco (Fusión) on the Steps. Me voy a traer a mi prima Laura como atracción principal y a unos gitanos del Cardamomo. El resto haremos lo que podamos. Arriquitráun. Al menos me luciría un poquillo más. Nuestra noche continuó en en un restaurante divino llamado George's Garage, donde también había un sarao salsero. Yo bailé, eso sí, desde mi banqueta.

Del domingo hay poco que contar, aparte de que fui al cine a ver Burn After Reading, la nueva película de los Cohen. La pongo un 8 sobre 10. Es un humor o te encanta o lo odias. Yo soy de las primeras. Los personajes están todos el almendro y muy bien interpretados. La historia está bien pensada. Las palomitas estaban buenas. ¿Qué más se le puede pedir a un domingo por la tarde? Como tenía mono de más cine, al llegar a casa vi una de esas películas de las que no me canso: Philadelphia. La temática me hizo recordar uno de los mejores documentales que he visto: The Age of AIDS. Cuando tengáis un par de horas libres verlo gratis por internet. Eso de "vale la pena" se queda corto.

De hoy mejor no hablar mucho. He tenido un día de esos en los que cuanto más te esfuerzas menos resultados obtienes. He decidido descargar mi ira con las máquinas del gimnasio. Al ojear las playlists de mi iPod he visto la solución a todos mis problemas. Megamix de Marisol. Y la vida ha dejado de ser frustrante para convertirse en una tómbola, tom-tom-tómbola de luz y de color.

*Si no fuera lo peor a la hora de acordarme de sacar la cámara os podría poner unas fotillos. Seguro que estáis hartitos de imágenes de archivo, o sea, de Google.

martes, 9 de septiembre de 2008

He visto la luz

Como ya he comentado, llevo unas dos semanas más perdida que una chirigota en Calcuta. Hoy eso ha cambiado. Imaginaros la música celestial a modo canto gregoriano. Las ideas enfrentadas que tenía en la cabeza se han unido unas con otras de la manera más coherente. Hasta se han dado besos en los morros mientras se marcaban un Viva la Gente. Todo esto se lo tengo que agradecer en parte a Josh.

Josh es un estudiante doctoral de quinto, compañero del laboratorio. Su experiencia es un grado. Dan, el nuevo pequeño padawan, y yo hemos tenido una reunión con él esta mañana. Durante dos horas le hemos acribillado a preguntas, algunas más simples que un ocho. Con una sonrisa permanente a la par que genuina, las ha solventado con explicaciones extensas y clarísimas. Me estoy planteando ponerle un monumento en todo el medio de la cooperativa de snacks, aunque nos haya puesto deberes. Porque él lo vale.

Nos ha comentado que es una lástima que no estuviéramos en el laboratorio durante el verano, porque fueron a ver la inserción de un implante coclear en quirófano. Ahí, al ladito de cirujano. A Dan y a mí se nos han puesto los ojos como platos y nos hemos levantado de la silla al grito de "yo quiero, yo quiero". Josh nos ha dicho que va a hablar con la cirujana y que no cree que haya ningún problema en ver otra operación. Por lo visto es algo aparatosa: hacen una incisión detrás de la oreja, echan toda esa piel -oreja incluida- hacia delante, hacen un agujero en el hueso temporal del cráneo... Menos mal que gracias al simpatiquísimo doctor Moreno y a los vídeos tan gores de sus congresos una está curada de espanto. Si no me desmayé al ver las trocotomías* de emergencia del doctor Asensio, en un pasillo sin esterilizar y con más sangre que en La Matanza de Texas, no creo que esto pueda conmigo. No os imagináis la ilusión que me hace.

También nos ha contado que no todo el colectivo sordo ve los implantes cocleares como un milagro. Hay sectores que no quieren un implante ni en pintura porque piensan que un implantado renuncia a la cultura y a la comunidad sorda. Este rechazo al aparato tiene su sentido: el colectivo sordo tiene un sentimiento de comunidad muy fuerte, en parte creado por la lengua que comparten. Hay padres sordos que no quieren implantar a sus hijos porque no ven la sordera como una discapacidad. Para ellos es una manera distinta, y no por ello menos válida, de vivir. Una persona que no oye de manera natural es sorda, esté o no implantada. Como nos ha dicho Josh, que te pongan un implante es una opción, una manera de vivir en el mundo sonoro sin que ello implique renunciar a la cultura que te corresponde.

Sé que he dicho más de una vez que no hablo de mi profesión porque me parece que en vez de entretener doy el coñazo. Supongo que ahora que soy una rata de laboratorio las cosas han cambiado. No sufráis, todavía sé hablar de otras cosas. Así que lo siento si os doy la chapa. Bueno, hoy lo siento algo menos porque todo me da un poco igual. Me he puesto las gafas de cristal rosa y me he dado una vuelta saltando por el mundo de Yupi. Un día es un día.

*No he encontrado una definición formal, pero consiste en acceder a la cavidad pectoral a través de una incisión entre dos costillas.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Bienvenidos a la república independiente de mi laboratorio

Hablando con el personal me he dado cuenta de que soy una privilegiada: mi laboratorio y sus moradores son la releche. Como ya he comentado, siempre hay risas para repartir. Hoy quería comentaros más cosillas que hacen al sitio donde trabajo tan especial.

Según llegué se me informó sobre el funcionamiento de la cooperativa de snacks. Consiste en que cada persona trae un paquete de algo envuelto en subpaquetes individuales - por ejemplo, una caja de paquetitos de galletas-. A cada subpaquete se le asigna el precio del total de la caja dividido entre el número subpaquetes. Cuando te entra la gusilla, a eso de media mañana, media tarde o en mi caso a todas horas, te acercas a la única mesa libre de la oficina, donde habitan todas las guarrerías, coges lo que quieras y lo apuntas en una lista que hay por ahí danzando. Puedes coger snacks por el valor de lo que tu hayas traído previamente. Yo llevo dos semanas apuntándome chocolatinas, sugus y demás sin traer nada. Hoy he comprado dos cajas de doce raciones de Cheez-its, unas galletitas saladas con sabor a cheddar que son gloria bendita, así que ya he cumplido. Esta semana pasada llegó un pequeño padawan, o estudiante de tercero, al laboratorio. Por lo visto va a hacer un trabajo sobre implantes cocleares. La mesa de la coperativa de snacks es la única que hay libre. Hemos decidido dejar que la ocupe si se compromete a ser el guardián de nuestro sustento.

Voy a aclarar una cosa. Cuando hablo de mi laboratorio como espacio me refiero al conjunto del laboratorio en sí -donde tenemos el equipo, la cabina de sonido, una mesa grande donde nos reunimos, y por donde se accede a las oficinas de algunos investigadores ya doctorados- y de mi oficina -donde tenemos los ordenadores y escritorios seis estudiantes de doctorado. Dicho esto, en el laboratorio en sí hay una sillas comodísimas de cuero. Son lo último. Una de ellas tiene un don especial. Cuando te echas hacia atrás emite un sonido igualito al de los velocirraptores de Jurassic Park. Palabra. Por alguna extraña razón la raptorsilla suele ser la que esta más cerca del ordenador que se utiliza para dar presentaciones dos veces por semana. Es chungo escuchar con atención a un compañero, más aún si no te enteras de la misa la media, cuando su silla está haciendo el dinosaurio. Este viernes pasó más de una vez y nuestra jefa tuvo que interrumpir la presentación, entre risas, por el cachondeo generalizado que había.

Curramos tanto que de vez en cuando necesitamos una distracción. Por eso mismo nuestra jefa nos ha comprado una consola Wii, una pila de juegos y la Wii Fit. Eso sí, con dinero del laboratorio. ¿Y cómo se justifica esto? Pues vamos a ver, antes me he colado. En realidad la Wii no es para nosotros. No señor. Es para los sujetos que vienen a que les hagamos este estudio o aquel. De alguna manera hay que entretenerles, ¿no? Lo que nunca hacemos es echarnos unas partiditas depués de tomarnos unas birras en la cafetería, de esas gratis que dan los viernes. No, eso sería irresponsable.

Ah, y después de comernos una chocolatina cooperativista, pero antes de echarnos un Wii bolos, y a veces mientras nos sentamos en la raptorsilla intentamos mejorar o salvar alguna vida que otra.

jueves, 4 de septiembre de 2008

La diferencia entre un pit bull y una "hockey mom"

De verdad que me estoy informando sobre estas elecciones. Hasta estoy intentando ver tanto la convención demócrata como la republicana de manera objetiva pero hay veces que es que no se puede. Estos últimos días la Convención Nacional Republicana me lo ha puesto a huevo. Sé que a algunos todo esto os interesa nada y menos pero prometo no aburriros, más que nada por lo esperpéntico del asunto.

Así de primer plato quiero hablar de Laura Bush y de algo que dijo hace un par de días. Siendo objetiva -la subjetividad la dejo para el postre por lo menos-, su dotes oratorias son comparables a las de la Masiel. Después de la proyección de un vídeo sobre el ex-presidente Ronald Reagan - en el que le pintaban de héroe además de anunciar que es el modelo a seguir de McCain- tuvo los huevos, ovarios o lo que os apetezca, de hablar de sida. Me descojono. Según la actual primera dama, su marido consiguió que el número de africanos seropositivos que tienen acceso a la medicación que necesitan pasara de 50.000 a 2 millones. A lo mejor es que hablaban de otro Reagan. Es que a veces me lío. No creo que se atrevieran a mencionar siquiera a un menda que hizo mutis cuando estalló la epidemia de sida en Estados Unidos en los años 80. En el tiempo que se calló la boca y negó fondos de investigación murieron, ignoradas por el gobierno de cara al público pero estigmatizadas por lo bajinis, más de veinticinco mil americanos. No, seguro que hablaban de otro Reagan. Sino estarían diciendo que a los maricones y drogadictos -los heterosexuales blancos y limpitos no cogen cosas de esas- que les den por saco pero a los pobres africanos hay que cuidarlos. Agüita.

Con Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia, no sé ni por donde empezar. Que me gusta a mí. Que su hija esté embarazada, baile claqué o le mole Juan el Golosina me da exactamente igual. Lo que me molesta es que ella no votaría a alguien cuya hija menor de edad estuviera embarazada, aunque se fuera a casar con el padre y a tener el hijo, como se apresuró a anunciar a la prensa. Dios la libre. La guinda es que mi tocaya quiere eliminar la educación sexual de las aulas de los colegios públicos. Dice que eso hay que tratarlo en casa. O sea como hizo ella. Se ve que el mensaje quedó claro. Pero no pasa ni media porque, como dice ella, tener hijos cuando no sabes ni quién eres "es algo muy hermoso". Precioso vamos, que me lo envuelvan con un lazo de amor para regalo.

Tuvo unos detalles preciosos. El futuro marido de su hija estaba con el resto de la familia, porque es uno más. Su marido sostenía en brazos a su hijo de cinco meses y cuando se levantaba se lo pasaba a su hija la pequeña. Ésta le atusaba cariñosamente el pelo al churumbel con una mano untada de saliva. Palabra. Me horroriza que haya un bebé de esa edad un estadio lleno de gente pegando voces. Lo razonable y lógico sería dejarle en el hotel con una niñera, con el Servicio Secreto o con unos abuelos. Pero la Palin y sus consejeros se pasan la lógica por el arco del triunfo porque el niño tiene síndrome de Down y sale más políticamente rentable interrumpirle el sueño.

Me gustó cosa mala su humor buenrrollista. A modo "soy republicana y ultraconservadora pero os presento mi programa entre insulto guasudo y broma a matar. Pochicuela". Para que luego digan que los de derechas no saben ni divertir ni divertirse. Al empezar su discurso peguntó cuál era la diferencia entre una hockey mom y un pit bull. Una barra de labios. Al público le hizo mucha más gracia que un chiste, de los buenos, de Martes y Trece. Yo le di un trago a mi cerveza y levanté una ceja.

domingo, 31 de agosto de 2008

Trader Joe's*


Me he levantado con un dolor de cabeza de antología. Y no, no tenía resaca. He estado haciendo el vegetal en el sofá desde las nueve hasta las dos, lamentándome de mi suerte y sin Tylenol con el que doparme. Cuando he podido levantarme sin que me diera algo, me he duchado, vestido y montado en José Monge Cruz . Hemos ido a uno de esos sitios que siempre me hace sentir mejor: Trader Joe's.

Trader Joe's es un supermercado distinto a cualquier otro. Mi padre diría que es para granola eaters - gente que come granola, es decir, hippies, vegetas y tribus similares-. A mi el granola me priva, con lo cual soy asidua desde hace años. Tanto es así que cuando Liz - mi ex-compañera de piso- se enteró de que me venía a Carolina del Norte me dijo muy seria "Sara, estoy preocupada. ¿Allí tienen Trader's?". El más cercano a mi casa está en Chapel Hill, el pueblo del al lado. El trayecto de diez minutos se me pasa volando sabiendo lo que me espera.

Según entras te percatas de que los empleados llevan camisas hawaianas. Que vayan de esa guisa y que encima sean tan majetes ya es motivo suficiente para apoyar este negocio. Lo segundo que llama la atención es la selección musical. Nada de esas cancioncillas de videojuego o de ascensor a las que nos tienen acostumbrados los supers tradicionales. El hilo musical del Trader's es buerrollista: reggaealegre, la banda sonora de Grease, temazos de Motown y demás éxitos de hoy, ayer y de siempre.

Aparte de tener una barbaridad de productos para vegetas y pseudovegetas como yo, también hay una cantidad considerable de comida étnica. Puedes comprar unos jalapeños frescos, tofu, arroz basmati, pasas cubiertas de chocolate con leche o negro, cheddar australiano, spanakopita, mahi-mahi, café costarricense, un Marqués de Cáceres, pollo vindaloo listo para meter en el micro, y un largo etcétera. Cabe destacar la altísima calidad de todos los productos, en especial de los pescados congelados y de las comidas pre-preparadas. En el Trading Post siempre hay algo que llevarse al buche y café acompañar. Gratis, por supuesto.

Cuando estás haciendo cola en las cajas ves la variedad de bolsas reutilizables que puedes comprar para ahorrar papel (no usan plástico). A Ana le gustó tanto la que compró que la usa de bolso y triunfa como Los Chichos. Estoy pensando comprar unas cuantas y venderlas, en plan moderno, en Fuencarral. Precio aprox.: 30 o 40 euros. Teniendo en cuenta que cuestan entre unos 3 dólares, haría el agosto. Después de saludarte de colegueo el cajero o cajera se hecha una partida de Tetris con tu compra. En una ocasión vi como metían un carro rebosante en tres bolsas. Eso es talento y lo demás garrafón.

He llegado a casa con dos bolsas a tope de comida y bebida para dos semanas. El dolor de cabeza me lo habré dejado por el camino.

*Trader Joe's no me paga por ponerles por las nubes. Al menos eso me han dicho que diga.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Dos veces en un día

En mi laboratorio comemos todos juntos. Cogemos cada uno nuestra tarterita de la mininevera y nos sentamos alrededor de un pedazo de mesa, que es también el escenario de nuestras reuniones de laboratorio. La oficina de Pete, recién doctorado, da a la sala donde se encuentra dicha mesaza. Ayer le estaban montando un despacho nuevo -estanterías estrabóticas, silla galáctica y escritorio atómico- dos operarios que entraban y salían. Uno de ellos nos preguntó si trabajábamos "en lo del desminado". Se refería al área de investigación que ocupa a la mitad del laboratorio: mejorar los sistemas de detección de las más de 60 millones minas antipersonales que se encuentran en unos 70 países por todo el mundo. Me voy a ahorrar los detalles y os voy a decir simplemente que les va viento en popa a toda vela. Le contestamos que no todos nos dedicamos a eso. Nos dijo el había sido marine y había visto lo que hacen las minas cuando explotan. Nos dio las gracias por salvar vidas. Se hizo el silencio. Llevo en esto poco tiempo pero creo que son momentos así los que le recuerdan a un investigador que lo que hace tiene trascendencia más allá de su laboratorio. Ojalá pueda vivir un momento así con paciente implantado. No quiero una subidita de ego sino saber que una pila de años de estudio y esfuerzo han servido para cambiar una vida aparte de la mía.

El resto del día trabajé con más ahínco. Me fui a casa como en una nube. Como me estoy cuidando me fui al gimnasio a moverme lo justo. En la tele estaba puesta la Convención Nacional Demócrata. La he estado siguiendo y sabía que esa noche Hillary Clinton iba a hacer la segunda intervención más esperada del evento. Me volví rápido a casa para verla tranquila. No se sabía muy bien como iba a enfocar su discurso, por aquello de la rivalidad que hasta hace poco le enfrentaba con Barack Obama. Dio un discurso para quitarse el sombrero porque ella es una mujer como está mandado. No sé si es que yo tenía el día tonto pero me emocioné. Reconoció su derrota con elegancia y demostró su apoyo a Obama más y mejor de lo que se esperaba. Habló de cómo Bush se ha cargado este país en los últimos ocho años con la guerra de Irak, la dependencia del petróleo de Oriente Medio, el apoyo a las empresas que explotan dicha industria, la falta de fondos para salud pública. Queda claro que he resumido. Con el tonto del haba ese hace tiempo que Estados Unidos, citando al siempre elocuente Aznar, no "va bien". El inútil ese ha conseguido que el mundo entero se centre en todo lo que falla en este país, que es muchísimo, y que no sea capaz de ver ni con lupa lo que "va bien". Lo ha hecho todo tan mal que, gane quien gane, esto tiene que ir a mejor. Para mí Obama representa el cambio que este país necesita como agua de mayo. Me encantaría que cumpliera todo lo que promete. Lo veo difícil pero, como a tantos americanos, me queda la esperanza.

lunes, 25 de agosto de 2008

Pistoletazo de salida

Hoy Duke ha vuelto a la vida. Para muchos es el primer día de la facultad y para mí, en cierto modo, también. Hoy empezaban las clases pero una tiene suerte y justo los lunes no tiene que meterse en un aula, lo que no significa que libre.

He aprovechado la mañana para hacer unas gestiones de esas que tanto nos gustan a todos. A las ocho menos diez de la mañana ya estaba haciendo cola en la puerta de Tráfico para sacarme el carnet de conducir de Carolina del Norte. Por lo visto al comprarme un coche aquí no me puedo escaquear de este tostón de trámite. Te piden el oro y el moro: prueba de residencia, carnet de conducir de otro estado, papeles del seguro y tarjeta de la seguridad social. Esta última me la había mandado mi madre por correo certificado pero yo estaba de picos pardos cuando vino el cartero. Me ha tocado ir a Correos a por la puñetera tarjeta y después volver a Tráfico a chuparme otra cola.

Como parte de la prueba de vista me han puesto una serie de señales para que las identificara. ¿Un octógono rojo? Buff, no sé. ¿Una señal blanca con una pedazo de silla de ruedas azul?Uiii, jodido. Luego he hecho el teórico que era una broma no, lo siguiente. Pregunta: Si vas detrás de un tractor y le quieres adelantar, ¿qué debes hacer? Adelantar a toda hostia, está claro. Suma y sigue. De veinticinco preguntas no he fallado ni una. Sólo me aprendí dos folios que había en un blog que me recomendaron. Del código he pasado un kilo. He perdido dos horas y media de mi vida. Pero ya tengo carnet. Se nota que no me había peinado y que me faltaba cafeína. Me han dado a elegir el dibujo de fondo entre un avión -por eso de los hermanos Wright-, un faro y un mapa del estado. Con el caché que me hubiera dado una foto de un plato de bravas y un tinto de verano.

Como estoy más perdida que Marichalar en el Serengeti he ido a mi oficina a ver que se cocía. De camino me he dado una hostión de antología en la mano contra el espejo retrovisor de un coche. Tengo un problema de lateralidad. Se me ha puesto morada e hichada al instante, lo que me hace creer que me he roto más de un vaso sanguíneo. Bien empezamos. He llegado a la oficina con cara de pardilla y soplándome la mano. Los chavales - los otros candidatos doctorales, todos hombres- se han portado muy bien conmigo. Me han dado unos Sugus -aquí se llaman Starburst-, me han enseñado el ordenador que me habían instalado, me han hecho un café y me han dejado todos los libros que necesito para las tres clases que voy a dar este semestre. No se les puede pedir más.

A las dos nos hemos juntado todo el laboratorio - la directora, tres de los cuatro doctores que trabajan para ella y seis estudiantes de postgrado- en la sala de conferencias para escuchar una presentación de Katie, una candidata doctoral que por lo visto vive lejos. Yo me había hecho a la idea de que ella estaría de cuerpo presente. Me he quedado rubia cuando ha llamado por Skype y ha dado la charla remotamente. Han puesto un micro modernísimo - rendondo, planeado y del tamaño de una pelota de petanca- en la mesa y a través de él han estado una hora y media de risas electrónicas. Palabra. Mis compañeros se ríen un huevo, lo que me da un buen rollo considerable. El único problema es que como no me entero ni del NO-DO pues la mitad de las guasas no las pillo. Todo llegará.

Creo que ya me voy enterando de lo que se espera de mí. Se supone que entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde si no estoy en clase tengo que estar en mi oficina. Me han dado una pila de unos cuarenta artículos, de entre quince y cuarenta páginas cada uno, para que me documentando sobre implantes cocleares. Por lo poco que he leído, lo que más les cuesta a los implantados es entender una conversación. Así que me voy a dedicar a hacérselo algo más fácil. Eso de aquí a varios años claro. Por ahora me voy a centrar en las clases de mañana. Después ya veremos.

domingo, 24 de agosto de 2008

La gente está muy liada

Sé que hace mucho que no escribo nada. Como decía el jefe de un pseudoamigo "la gente está muy liada". Yo más. Aunque la cosa empeorará intentaré que este parón no se vuelva a repetir. Aparte, he perdido la poca ocurrencia que tengo a la hora de escribir durante estas últimas semanas. Ayer la encontré metida en una caja, debajo de mi gorro de cowgirl y unos crispis caducados. Antes de nada un disclaimer: os tengo que contar tantas cosas, y eso que he resumido, que igual este post no es muy coherente sino más bien una colección de titulares.

Mi etapa margi: Mis padres se fueron el martes 11 y me dejaron más sola que la una. Cuando me llamaba la gente para preguntarme qué tal iba todo daba la misma respuesta que cuando empecé en el Mirabal con cinco años: "Muy bien pero no tengo amigos". En ambos casos la situación sólo duró unos días. Como no tenía nada mejor que hacer me dediqué a comprar menaje del hogar y ha buscar sitios con el coche. Mi soledad terminó con...

La (des)orientación internacional: Qué bien se lo montan los americanos para algunas cosas. Lo de las orientaciones es, como diría mi padre, "pa filmarlo". Las hay según tu departamento, tu nacionalidad, dónde vivas, en lugares religiosos y seculares, sobré ética, poética y la madre que te parió. Algunas son útiles porque te dan información valiosa -el número de la policía de la universidad, el horario de los autobuses- y cosillas gratis -agendas, archivadores y demás. El caso es que todo tiene un límite y el viernes, cuando tuve la última actividad de orientación - departamental para más señas- estaba ya hasta el fandango. Estos saraos están muy bien para conocer a gente, y como yo era margi pues ahí estaba, más lista para hacer amigos que un perrillo hambriento. Os pongo un par de fotillos* de los amigos más cercanos que he hecho. Son buenísima gente todos. Parecemos la delegación de la ONU aquí en Durham.

La BBQ (barbecue) en Pinnacle Ridge: Si el jueves 14 ya hice amigos en la orientación internacional, el viernes 15 salí de fiesta con ellos, como no podía ser de otra manera. Fuimos a un garito donde daban clases de salsa durante una media hora y después dejaban que la gente se moviera a su bola. Vamos a ver, una no baila del todo mal pero lo que no voy a hacer es el ridículo delante de un montón de latinoamericanos que llevan la salsa en la sangre. Sólo faltaba. Pues en éstas estaba yo, intentando mantener mi dignidad, cuando conocí a René, a su prometida Shaina, a Cameron y a Megan. Resulta que todos viven en Pinnacle Ridge. Al final de la noche, después de haber humillado públicamente haciendo el pato en la pista de baile, a Andrea y a René se les ocurrió la genial idea de hacer un pic-nic en la piscina. Cada uno trajo lo que quiso para comer - yo hice una ensalada y una focaccia pá llorar, porque yo lo valgo- nos pusimos ciegos, charlamos, nos reímos y nos bañamos. Esto de conocer a gente de la urba** hace que me sienta más como en casa.

Excursión a Falls Lake: Seis futuros esclavos doctorales decidimos celebrar nuestro último fin de semana de libertad con una excursión en plan dominguero, aunque fuera sábado, al lago Falls. Los americanos han adoptado la noble tradición del domingueo pero todavía no lo saben. Aquí hasta venden neveras de playa desechables. La leche. Cargados con una, sandwiches, patatas fritas y fruta nos fuimos a una pseudoplayita que hay en el lago a bañarnos y a tomar el sol. Habían acotado la zona de baño de tal manera que el agua me llegaba, a lo sumo, por la barbilla. Era casi como bañarse en una pequepisci por eso y por la temperatura del agua, peligrosamente cerca a la de una meada bien echada. El agua tenía mucha materia en suspensión, prefiero no saber de que tipo. Lo que si sé es que cuando me quité el bañador el forro ya no era blanco, sino marrón. Sospechoso. Después nos fuimos de marcha a Chapel Hill, ciudad vecina de Durham donde está la Universidad de Carolina del Norte. Caminando por la calle principal vimos un bar atestado de gente con un grupo de country tocando, banjo incluido, y con varias parejas bailando como si no hubiera mañana. Esto es el sur, baby.

Mañana se acaba la la juerga y empiezan las clases. Como las mías son de martes a viernes tengo un día más de libertad. Me voy a pasar la mañana haciéndome el carnet de conducir de Carolina del Norte. Una juerga... Tengo que aprobar el teórico, que por lo que he oído es de un absurdo y dispar que no se puede aguantar. Igual después me paso por mi oficina a preguntar a los otros estudiantes de doctorado de mi laboratorio qué se supone que tengo que estar haciendo. Es lo que tiene que la catedrática que te supervisa sea también la directora del departamento. Lo que os decía, que "la gente esta muy liada".

*Primera foto, empezando por la izquierda: Mehmet, turco; Joe, americano, amigo de mi vecina y amiga Andrea; Merve, turca; Gabriela, argentina y Domenico, italiano. Segunda foto, empezando por donde siempre: servidora; Zana, kosovar; Merve de nuevo; Andrea, colombiana; Zeynep, turca y Domenico de infiltrado.
**Por la izquierda: Cameron; Megan; servidora; Andrea, colombiana; Jason; Rolando, costarricense; Mary; Shaina y René, ecuatoriano; Eduardo, mexicano, y Zana, kososvar. Los que no tienen nacionalidad especificada son más americanos que la Coca-Cola.

viernes, 8 de agosto de 2008

Road trippin' - Segundo Día


El segundo día de nuestra road trip empezó con un desayuno americano para campeones en el Waffle House - Casa del Gofre - de Freidricksburg, Virginia. Es un sitio a lo diner donde las camareras te llaman honey - cari- y no llevan patines porque Dios no quiere.* Muy auténtico.

Con la panza llena de deliciosos gofres nos montamos otra vez en el camión y cogimos la I-85 hacia Durham. En las cuatro horas y pico de camino no vi nada digno de mención, mayormente porque sólo había arboles y más arboles. Un coñazo de autopista muy serio.

Al llegar a Durham cogimos la salida equivocada. Hubo griterío. Cuando nos calmamos un poquito fuimos capaces de encontrar mi urbanización, Pinnacle Ridge**. Yo no me esperaba gran cosa. Las fotos que había visto en internet eran normalillas y yo supuse que ese era el mejor perfil de este sitio. Cuando vi la urba en persona me quedé rubia. Es preciosa. Según entramos por la puerta principal, a la que se accede o con una tarjeta o con un telefonillo modernísimo que te llama a tu móvil para que abras al personal, vimos el club social. Es igualito que el de El Paular. Tiene una piscina pequeña pero muy bien cuidada, un gimnasio con doce máquinas nuevas, una lavandería, una pista de tenis, otra de squash, refrescos y picoteo gratis... Y por dentro es todavía más ideal. Ahí me veis, con mi ropa recién lavada aprovechándome del wifi gratis. Me gusta que hayan respetado el bosque que rodea la urbanización. Entre los bloques hay arboles, riachuelos y chicharras que dan la murga, bucólicamente claro, por la noche.

Descargar el camión fue un palizón. Vivo en un segundo sin ascensor. Creo que queda todo dicho. Mi casa es pequeñita pero es mía, que es lo que cuenta. Tiene 60 metros cuadrados, un salón grandecito, una cocina con barra americana, un dormitorio, un baño, una terracita, una despensa y suficientes armarios para la cantidad obscena de ropa que tengo. Cuando esté montada - tengo un colchón pero me faltan la cama, el sofá y alguna estantería - y presentable pondré fotos. De momento ir de un lado a otro es como hacer una gincana.

El caso es que dejamos todas las cajas en montones y nos fuimos, con el camión por supuesto, al concesionario Toyota de Mark Jacobson. Aquí los concesionarios suelen tener el nombre del personaje que los regenta. Yo había quedado en ir a ver al tío con el que llevaba hablando unas semanas, el gran Carl Baker, nada más llegar. Carl podría venderle a un ciego unas lentillas, y eso sin esforzarse. No nos pudo tratar mejor. Hasta me dio una vuelta por el concesionario- un cacho de edificio que costó 16 millones de dólares construir. Ahí es nada. Podría enumerar las mil maravillas del sitio pero creo que con un detalle basta. Los mecánicos trabajan en un pabellón climatizado a 22ºC todo el año, donde no hay grasa porque los suelos se limpian y desinfectan todos los días. Mi nuevo coche es un riquísimo Toyota Matrix 2009. Es de marchas, por supuesto. Las mujeres de verdad no conducen automáticos.

Próximamente: un post con fotos del campus de Duke, que es pá llorar. Yo, por ahora, me debo a mis cajas.

* Paloma, a ti te encantaría.
** Pinnacle Ridge dicho con acentazo causa unas risas similares a las que provoca mi "Samantha goes from Cincinnati to Ohio". Cincinnati está en Ohio, pero vamos, que más da.

jueves, 7 de agosto de 2008

Road trippin' - Primer Día


El despertador a sonado a las seis. En el quinto sueño. En menos de una hora estábamos ya en marcha. El camión lo habíamos recogido y cargado la noche anterior. Vaya partida de Tetris nos echamos, y eso que sobraba sitio. Nos lo alquiló un abuelito bien rerri llamado Al - flanqueado en la foto por mi padre y por una servidora.

Ha sido un primer día sin incidentes pero no por eso aburrido. Mi pobre ha hablado poco en todo el viaje, síntoma de que el trancazo que tiene le ha dejado doblado. Tanto él como mi madre se dan una maña seria con el camión. Siempre está bien tener un oficio alternativo. A mi no me dejan conducir porque no se fían. La excusa es que quieren que mi historial de conductora siga como los chorros del oro para que no me suba el seguro del coche nuevo. Con la ilusión que me hacia a mi ponerme una camiseta blanca con cercos de sudor, meterme tabaco de mascar en la boca y cantar country a todo pulmón por la costa este. Me queda el consuelo de hacer de asistente de incorporación. Al no tenerle pillado el truco al retrovisor exterior derecho, mis progenitores necesitan ayuda a la hora de cambiarse a dicho carril. Tenemos todo un sistema: cuando no hay moros en la costa hay que gritar "¡Adelante!". Bueno, yo lo digo en un tono normal pero mi padre parece que está mandando a todo un ejército al ataque.

A la altura de Nueva York hemos cruzado un puente que impresionaba bastante, el Tappan Zee Bridge. Es una ruta alternativa para los listos como nosotros que no quieren atravesar la jungla manhateña. Poco después hemos visto un camión que llevaba una estampita - el diminutivo es sólo una forma de hablar - de San Miguel pegada tanto en la puerta como detrás. No tengo parole. Bueno, mentira. Si os fijáis bien podéis leer "Jesus is our driving force" o "Jesús es la fuerza que nos conduce". Un minuto de silencio para apreciar un juego de palabras tan sofisticado.

Al poco hemos parado a comer en una especie de Ars, pero a lo American Way of Life. Como en cualquier estación de servicio del mundo la comida era deficiente y había mucha fauna que comentar. A destacar la minipizza grasienta que me he zapado y los militares de uniforme que tanto le gustan a la niña Ana.

Al rodear Washington DC hemos pillado el atasco más grande que he visto en mi vida. No es guasa. La recepcionista del hotel nos ha dicho que el tráfico desde la capital hasta donde estamos - en Fredricksburg, Virginia, a cien kilómetros de Washington - dura desde las 4:30 de la mañana hasta las 9 de la noche. Todo esto por seis o siete carriles de autopista en cada sentido. Para que luego la gente se queje de la M-40. Esto si que es para pegarse un tiro no, dos. Me aburría bastante y además me estaba quedando sopa así que me he entretenido mirando los coches. He visto uno que es que era carne de cañon. El coche en sí ya era feo con avaricia pero es que encima no le faltaba detalle: un tribal distinguidísimo, dos escudos - a falta de uno- del Barça, y una pegatina de los marines. Dispar.

A eso de las siete de la noche, y ya hasta el fandango, hemos decidido dejarlo por hoy. El alojamiento elegido ha sido un Holiday Inn, una cadena hotelera de toda la vida. Lo primero que hemos hecho, después de dejar a buen recaudo nuestro camión , ha sido ir al bar del hotel a tomarnos una cervecita. Según entro me encuentro un cartel que pone "Únete a nuestra happy hour. Todos los días de 11 de la mañana a 8 de la noche". Genial. Según te levantas te puedes enchufar un lingotazo y a las ocho de la tarde, cuando ya vas como las Grecas, empieza o el karaoke - cierto esto también - o el concierto del día. Hoy tocaba banda. Era una mezcla entre country y música setentera - descripción cortesía de mi madre - que me ha dejado rubia. Por lo menos mi padre ha botado un poco y se le ha alegrado la cara. Después hemos cenado en el Wendy's - comida rápida un ápice mejor que el Burrikin. Y con esto y un bizcocho... me voy al sobre. Mañana cuatro horitas más hasta Durham. A ver que tal.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Entre cajas, camiones y bibliotecas

Estoy hasta el fandango de tanta caja, tanta cinta de embalar y tanta maleta. Odio las mudanzas con cada fibra de mi ser. Supongo que lo estar rodeada de tantas cosas es culpa mía. En los últimos cuatro años, con sus cuatro puñeteras mudanzas correspondientes, he acumulado cosas de las que me es imposible deshacerme: mi ropa, mi wok, mis libros, mi cubo de la fregona, mi batidora, mi tostadora, mi vajilla... Mis tesoros.

Esta tarde vamos a por el camión que nos llevará a mis padres, a mis trastos y a mí hasta Durham. La elección del mismo ha sido casi tan complicada como la del sumo pontífice. No preocuparse, ya se ve la fumata blanca. En principio íbamos a coger una furgoneta, modelo mamamóvil. Cuando la vi le dije a mi madre que nanai, que ahí no iban a caber mi colchón, mi cajonera, mi escritorio y demás. Después de mucho pelear mi madre dijo que vaaaaaale, que un camión pero sólo de tres metros. Mira tú por dónde, ese modelo solo tiene hueco para dos personas. Descartado. Por fin nos decantamos por el de más de cuatro metros de longitud. Como creo que hasta el día 11 o así no voy a poder poner un post contándoos nuestro road trip, os dejo una foto de un dibujo del camión, para ir abriendo boca.

Al tener espacio de sobra, hemos hecho una especie de compra en el Súper Ollie, alias la casa de mi abuela. Mi madre amuebló su primera casa con muebles de su buahardilla. Aunque el Súper ya no es lo que era yo me llevo la saca bien llena. Así a voz de pronto he sustraído una mecedora, una sillita, una mesa de comedor - restaurada entre mi madre y yo -, dos toallas de playa, tres mochilas, unos cuelga-fácil y unas bolsas de basura.

Cambio de tema radical. Para los que os estéis preguntando desde dónde os escribo, estoy en la Biblioteca Municipal de Petersham. No sé porque se olvidó mentarla en el post porque es uno de los edificios más bonitos. Creo que se construyó allá por 1890. El aspecto exterior no ha cambiando desde entonces. El interior ha cambiado algo más, pero vamos, juzgad vosotros mismos. La primera foto es del año 1895 y la segunda de hace nada. Hay un ordenador del Pleistoceno y otro sólo de la Edad del Metal, ambos con internet. Lo importante es que es gratis, como a mi me gusta. Este año la biblioteca se ha apuntado al siglo XXI. Tenemos wifi señores. Tengo a mi padre al lado diciendo "Esta biblioteca ya la quisieran muchos pueblos españoles de este tamaño". Es que él es el fan número uno. Las bibliotecarias son amabilísimas y hasta me invitan a traerme una sillita para sentarme en la calle y usar el internet fuera del horario. Lo tendré en cuenta para mi próxima visita. El próximo post ya desde North Carolina.

lunes, 4 de agosto de 2008

Worcester, esa ciudad con encanto costra

Llevaba 73 días exactos sin pisar la ciudad donde viví mientras me sacaba la carrera. Como dijo mi amigo Julián en más de una ocasión, "Worcester tiene un encanto costra". Después de tres años de una relación más de odio que de amor, la segunda ciudad más grande de Nueva Inglaterra se hizo conmigo. El punto de inflexión fue conocer a un grupo de gente increíble, los cuales tienen en común el bar del que me convertí en asidua, el Sahara, y el barrio del este de la calle Highland, donde se encuentra mi ex piso. Antes de irme a Carolina del Norte tenía que pasarme a hacer una visita. Me he sentido un poco absurda, porque cuando me fui en mayo monté, o me montaron, según se mire, un espectáculo de órdago. Hubo muchas fiestas, cenas, lloros y demás. Esta visita ha sido la primera de muchas, bueno, las que mi precaria economía mi permita, que espero hacer en los próximos cinco años.

Lo primero que hice nada más llegar el viernes fue visitar a mi antigua jefa, Shelley, la Directora de Programas de Mujeres de mi universidad, y a la secretaria de la oficina, Judy. Estuvimos de cháchara un buen rato y hasta los rectores, los cuales residen en la oficina de al lado, se unieron a nuestro sarao. Al salir del edificio me encontré con una serie de colegas que no sabían que iba a venir. Se quedaron un poco pillados al verme. Es lo que tiene no avisar. Después me pasé por el Bean Counter, la cafetería de mi barrio desde la cual os escribo, a esperar a María. Era su cumpleaños y se merecía salir a comer.

La noche la pasé en el Sahara, como no podía ser de otra manera. Gracias al cumpleaños de María nos juntamos unos cuantos. Hubo tarta, cortesía de Jeanna, cerveza, música española de la que dejé en el bar y muchas risas. La SWS, Sahara Women's Society, estuvo por fin reunida. Ni la asociación sahariana masculina, SSS, o Sahara Secret Society, ni la distancia han podido con nosotras. En la foto salimos cuatro de las cinco componentes: empezando por la derecha, Jeanna, experta respostera y futura doctora en biomedicina, María, la cumpleañera y comerciante de Highland Street, servidora y Nadia, la cocinera del Sahara. El quinto miembro, o miembra, según se prefiera, es Tanya, camarera del Sahara y compañera de facultad.

El sábado lo pasé con mi amigo Austin, en la foto con nuestra amiga Jess. Subió desde Connecticut para pasar conmigo el finde, aunque me tongó hasta hacerme pensar en varias ocasiones que no iba a venir. Fuimos a la casa del lago de mi abuela, donde nos llovió casi todo el día. Aun así nos bañamos con valentía y arrojo. Eso sí, cuando empezamos a oír truenos salimos corriendo. Según nos íbamos salió el sol. La cualidad esquizo del tiempo de esta zona se resume en el siguiente dicho popular: "si no te gusta el tiempo, espera cinco minutos".

La noche del sábado también fue sahariana. Apareció Jess, compañera de promoción y de la hermandad. Se marcó un rap y yo la hice los coros, como en los viejos tiempos. De aquí al estrellato. También se pasó El Caballero Edvin, a la izquierda, y cuando menos me lo esperaba entró Mario. Son Gran Guatemala y mis hermanos. ¿A que nos parecemos cosa mala? Mario está negrísimo y muy mazado de tanto currar a la solanera. Hemos pensado en venderle a una viuda con dinero, seguro que nos sacamos una pasta. Peter conoce muchas, por su trabajo en el club de campo, y nos va a echar una mano. Para más inri, tocaba Jubilee Gardens, grupo típico del bar, y la peña estaba animada. Ayyyy, una noche de finde como las de siempre.

Como marca nuestra tradición, la SSS y la SWS nos unimos a mediodía en son de paz, amor y compañía para tomar el café del domingo* en el Bean Counter. Fue los mejores cafeteos domigueros porque hubo pocas bajas. Hay cosas que no cambian: Tanya llegó con cuarenta minutos de retraso y con resaca, los Johnes se metieron con María a mansalva y a mi se me intentó dejar en el ridículo más espantoso.

Mi intención era irme el domingo por la noche, para terminar los preparativos de la mudanza. No he podido marcharme todavía porque Nadia me ha hecho chantaje: "Pero Saraaaa, si he dejado pollo marinando para la cena que hago el lunes en mi casa. Sé que te encanta, lo he hecho por ti...". Una cede ante estas cosas y por supuesto me quedo a cenar. Tengo unas ganas bárbaras de hincarle el diente al plato estrella deNadia. Está para llorar, lo juro.

La verdad es que no me apetece nada marcharme. Esta ciudad cochambrosilla y su gente me han dado de todo sin esperar nada, sin juzgar y sin pretensión alguna. Como dijo John El Irlandés, alias el profeta, en una ocasión "De cualquier otra ciudad te puedes olvidar, pero El París de los Ochenta siempre te acompaña". Hasta siempre Worcester.

*La peña de la foto, empezando por la izquierda: John El Judío, María, Tanya, servidora, El Caballero Edvin, Peter El Griego-Armenio y John El Irlandés.