Petersham tiene unos 1200 habitantes, eso si, esparcidos por 176.9 kilómetros cuadrados de terreno. Vamos, que hay bosque para aburrir y puedes pasearte durante media vida sin ver ni al perri. La población es viejuna, edad media aprox -calculada a ojo del buen cubero por una servidora- 59, y es blanca y políticamente conservadora en su inmensa mayoría. Es uno de los seis municipios en los que se encuentra el gigantesco pantano Quabbin, que surte de agua a la ciudad de Boston. Otras de sus grandes atracciones son un club de curling, un campo de golf de nueve hoyos, una granjita de lamas y el singular colorido del follaje en otoño.
Como cualquier pueblo que se precie tiene cuerpo policial: Denny, un majete con pinta de que le gusten los donuts, y dos tíos más. Creo que no hay coches para todos. Hoy le tocaba a Denny. La comisaría esta en el mismo ayuntamiento, que hoy jueves cerraba. Supongo que sólo abren un par de días a la semana. Bomberos también hay. Eso sí, voluntarios.
El common, donde esta el ayuntamiento, es el epicentro de la frenética actividad del pueblo. Allí se encuentra el Country Store, Tienda de Campo, donde lo mismo puedes alquilar un DVD, zamparte una ensalada y un sándwich o comparte un paquete de espaguetis. La otra tienda del pueblo, sólo hay dos, es una licorería. Comida, pelis y alcohol; las necesidades básicas están cubiertas. La iglesia donde se casaron mis padres, una de las cuatro que hay en Petersham, también está en el common. El cartel que se ve encima de la puerta lo colgaron hace poco más de un año. Me llamó mucho la atención que un pueblo tan conservador como éste considere que la mejor forma de apoyar a las tropas sea traerlas de vuelta a casa.
Reconozco que cuando era canija Petersham me parecía el aburrimiento hecho pueblo. Hasta que empecé la carrera no entendí porque alguien querría vivir aquí. Cuando estaba que me subía por las paredes me venía a ver a mi abuela. Era entrar en el pueblo y desaparecerme el estrés. No se si será por sus estanques, su fauna (ayer vi un zorro, hoy un pavo salvaje y tres ranas, ah, y una amiga de mi abuela vio un oso en su jardín) o su falta de comercios, de gente, y de todo lo que normalmente necesito. No me mudaría a Petersham mañana ni de ajo, pero pasar unos días aquí es mano de santo para casi todo.







