jueves, 31 de julio de 2008

Petersham, Massachusetts, 01366

Llevo ya dos días y medio en casa de mi abuela materna, Ollie. Aparte de hacer mil y un recados me he dedicado a observar el pueblecito donde vive desde el punto de vista de un extranjero. He decidido que, aparte de ser un pueblo cuco y muy típico de Nueva Inglaterra, es digno de un post.

Petersham tiene unos 1200 habitantes, eso si, esparcidos por 176.9 kilómetros cuadrados de terreno. Vamos, que hay bosque para aburrir y puedes pasearte durante media vida sin ver ni al perri. La población es viejuna, edad media aprox -calculada a ojo del buen cubero por una servidora- 59, y es blanca y políticamente conservadora en su inmensa mayoría. Es uno de los seis municipios en los que se encuentra el gigantesco pantano Quabbin, que surte de agua a la ciudad de Boston. Otras de sus grandes atracciones son un club de curling, un campo de golf de nueve hoyos, una granjita de lamas y el singular colorido del follaje en otoño.

Como cualquier pueblo que se precie tiene cuerpo policial: Denny, un majete con pinta de que le gusten los donuts, y dos tíos más. Creo que no hay coches para todos. Hoy le tocaba a Denny. La comisaría esta en el mismo ayuntamiento, que hoy jueves cerraba. Supongo que sólo abren un par de días a la semana. Bomberos también hay. Eso sí, voluntarios.

El common, donde esta el ayuntamiento, es el epicentro de la frenética actividad del pueblo. Allí se encuentra el Country Store, Tienda de Campo, donde lo mismo puedes alquilar un DVD, zamparte una ensalada y un sándwich o comparte un paquete de espaguetis. La otra tienda del pueblo, sólo hay dos, es una licorería. Comida, pelis y alcohol; las necesidades básicas están cubiertas. La iglesia donde se casaron mis padres, una de las cuatro que hay en Petersham, también está en el common. El cartel que se ve encima de la puerta lo colgaron hace poco más de un año. Me llamó mucho la atención que un pueblo tan conservador como éste considere que la mejor forma de apoyar a las tropas sea traerlas de vuelta a casa.

Hasta Harvard University tiene una chocita aquí. Es su escuela de Estudios Medioambientales, o una sucursal de la misma. Tienen un museo al que me llevó mi padre con seis años. Recuerdo que vi mucha maqueta con sus arbolitos, sus playmobil, sus casitas, y que me pareció un tostón. Con todo lo que se puede hacer aquí, os extrañará que los turistas no acudan en masa. Por si la cosa cambia hay tres bed and breakfast, alojamientos tipo casa rural pero más chipén.

Reconozco que cuando era canija Petersham me parecía el aburrimiento hecho pueblo. Hasta que empecé la carrera no entendí porque alguien querría vivir aquí. Cuando estaba que me subía por las paredes me venía a ver a mi abuela. Era entrar en el pueblo y desaparecerme el estrés. No se si será por sus estanques, su fauna (ayer vi un zorro, hoy un pavo salvaje y tres ranas, ah, y una amiga de mi abuela vio un oso en su jardín) o su falta de comercios, de gente, y de todo lo que normalmente necesito. No me mudaría a Petersham mañana ni de ajo, pero pasar unos días aquí es mano de santo para casi todo.

miércoles, 30 de julio de 2008

En nombre de la T4, de Iberia y del Espíritu Santo*

Lo primero que da por saco según llegas al nuevísimo y modernísimo aeropuerto de Barajas es el aparcamiento. Nada importa en que planta dejes el coche porque ninguna coincide con el acceso a la terminal. Siempre tienes que coger el ascensor pero lo mejor es que si has aparcado en la tercera o cuarta planta el trayecto es de medio mísero piso. Eso está mal planteado y punto en boca.

Cuando llegamos a la zona de facturación, eso parecía el metro de Tokio en hora punta, la peregrinación a la Mecca y las rebajas de El Corte Inglés, todo junto. A lo mejor regalaban viajes a todo el personal y a mi por pánfila no, vete tú a saber. Nos hemos encontrado con una larguísima cola serpenteante, que iba medianamente rápido, la verdad sea dicha, seguramente porque había personal de Iberia en cada puesto, algo raro raro raro.

Llegamos mi madre y yo a facturar. Primero la impresora de las etiquetas esas que ponen a las maletas para que no se pierdan – o eso dicen – está fastidiada. Después el chiquito que nos atendía nos ha dicho que no podíamos ir sentadas juntas. Mi padre ha montado un pollo de órdago, más que nada porque los asientos los había reservado hacía lo menos seis meses. El chaval va y nos dice que lo de las reservas de asiento es sólo una cortesía de Iberia, que si antes que tu llega uno sin reserva le dan tu asiento, porque no le van a poner en lista de espera, sólo faltaba. A Iberia le convendría desempolvar el diccionario de la RAE y echarle un ojo a la definición de la palabra reserva. Ya puestos, podrían también añadir la definición sui generis que se han montado para que la peña sepa a que atenerse. Acto seguido el pobre currito - la poca culpa que el pudiera tener se la he quitado yo por guapo- nos ha dicho que de llegar media hora más tarde no hubiéramos volado porque sólo quedaban cuatro asientos. Esto a hora y cuarenta minutos antes de que saliera el vuelo y habiendo ya esperado una pedazo de cola. Vamos, que se han cubierto de gloria con el overbooking de las santas narices. Ya le hemos dicho a mi padre que cuando le toque volar a él vaya mejor la noche anterior a coger sitio, no vaya a ser que tengamos un disgusto.

Para llegar a nuestra puerta, la U67, donde Cristo perdió la cangrejera, nos hemos tenido que montar en el trenecito de la bruja. La primera vez que lo cogí pensaba que era un vacile tipo cámara oculta porque al bajarme parecía que habíamos dado una vuelta tonta para volver a nuestro lugar de procedencia. El caso es que después de bajarnos del tren y hacer los mil metros aeropuerto hemos llegado a nuestra puerta, bueno no, a la zona anterior a las cuatro o cinco puertas de las que salen vuelos a las Américas. Allí nos hemos encontrado con otro control de pasaportes que monta el personal de Iberia, mucho más cualificado para revisar documentos oficiales que la Guardia Civil, dónde va a parar. Esto por si con los otros dos controles hechos por los cuerpos de seguridad del Estado no habíamos tenido suficiente o por si nos habíamos colado por el túnel del trenecito.

Cuándo me he montado en el avión me he dado cuenta de que el noventa por ciento de las familias iban separadas. Las azafatas han cogido un radiocasette y la peña ha jugado a las sillas musicales un rato para arreglar la situación. La cinta se ha parado en un momento inoportuno y la gente, incluidas mi madre y yo, se ha quedado como estaba: separada de sus acompañantes.

Me he puesto a escribir porque la tía que tengo delante me ha encabronado** y su presencia me impide leer. Su voz tiene el agradable timbre de unas uñas largas contra una pizarra. Usando mis superpoderes de deducción, y escuchando las sandeces que dice, he concluido que la pava es más falta que todas las cosas. La muy brasas le está dando la chapa a una señora mayor que está aguantando el chaparrón como una campeona. Angelote. La Einstein ha contado que cuando iba de Boston a Madrid se montó por equivocación en un vuelo a Canarias, de donde la tuvo que sacar su papi chulo. Ella lo contaba como si fuera un chiste de Jaimito. También ha comentado lo mucho que quiere a su novio y como temblaba la Visa de su papi cada vez que se iba de compras. Pues con la pinta que lleva cualquiera lo diría. Bueno, parece que la chavala va a echar una cabezadita y va a darnos tregua a su compañera de asiento y a mí. Menos mal.

*Escrito en un momento de máxima relajación de fosa mientras volaba por encima del Atlántico el 29 de julio.
**Foto sacada con la webcam en el momento de máximo chine.

lunes, 28 de julio de 2008

...Que con el alma no puedo

Cuando ya todo el mundo empieza a hacer sus planes de veraneo serio el mío se acaba. Bueno, hasta el 21 de agosto no empiezo las actividades de orientación de la universidad pero el día 7 empieza la Operación Mudanza y antes de eso, el día 30, la Operación Limpieza en casa de mi abuela - depurar todo lo que he dejado allí en cuatro años de carrera. Para el caso mi jarana termina ya y es una lástima.

El balance de este verano es mucho más que positivo. Que si trabajo de azafata de congresos de cirugía (si queréis historias hay para una enciclopedia) , que si me voy a Granada una semana (tres cuartos de lo mismo), que si de domingueo máximo a Port Aventura (el cueverismo hecho viaje), que si una copa un miércoles (porque nosotros lo valemos), que si cañas a diario (vaya vicio con las patatas bravioli)... Como no sé cuando voy a volver a tener un verano de tres meses había que aprovechar. Volver claro que vuelvo: ni las Navidades - en plan El Almendro, "vuelve a casa vuelve" - ni el verano los perdono, pero claro, unas semanitas y vas que te matas, como todo hijo de vecino.

El día de hoy, bueno, a estas horas ya de ayer, se me ha ido en hacer maletas y las típicas , al menos en mi caso, listas para que no se te olvide nada. Mi salón parece un carrusel de la T4. Menos mal que esta tarde me he distraído un poco con las cañas en el club. Hemos hecho un festival de la patata (frita) en toda regla: totillaca, patatas Paular (no sé porque unas patatas autóctonas de la urbanización tienen que llevar chorizo) y unos huevos rotos con jamón y más patatas, por si no había. ¿El desengrase? Pues a base de pan y cañas, como está mandado. Nos hemos juntado unos cuantos* y aunque no haya sido una despedida "formal", sino más bien unas cañas de las de siempre pero yéndome al día siguiente, nos hemos echado unas risas.

Después del club nos hemos mudado al banquito del parque, como es costumbre. Hemos seguido con la cervecita, unos cigarritos, unas escaladas por los columpios y yo ya me he retirado dando besos a diestro y siniestro. Las despedidas nunca son fáciles pero, como he comentado más de una vez, una ya se ha acostumbrado, por muy mal que suene. Eso no significa que no os quiera tanto como cuando nos veíamos a diario, bastante al contrario. "Uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde" es un cliché como un templo por algo. El hacerse a estar lejos no te quita momentos en los que se te hincha el corazón y dices, ¡anda la Virgen, pero si tengo los mejores amigos del mundo! Y para que baje mejor este pastelón, un beso. Nos vemos en Navidad.

*Foticos en el club. Primera, empezando por la izquierda: Villa, Bruno, Sergio y Alba. Segunda, también empezando por la izquierda: servidora, Gamo y Mari.

Ana descubre Toledo (y Pulgar)

Érase una vez una niña, de unos ocho años, que dijo que no quería ir a Toledo porque era feo. Su padre, encabronao con la maldita rabieta de su puñetera hija, le juro que jamás iría a Toledo, al menos con él. Así fue. Ésta es la razón por la que Ana, a sus 22 añazos, no conocía la ciudad. Teniendo un padre bolo y un Seat Toledo yo esto no lo podía consentir así que pallá me la llevé.

Lo lógico hubiera sido ir en mayo por la mañana pronto o por la tarde-noche pero a nosotras eso como que no nos va. Preferimos ir el 24 de julio, a eso de las 12:30 del mediodía, a la fresca. Ha llovido mucho desde que hice un célebre trabajo sobre la ciudad, con fotografías también de una servidora, por lo que ando pez en historia toledana. Yo hice lo que pude: la llevé a los sitios más señalados, a tomar algo (en un sitio que no tenía ni Coca-Cola, pago ella) y la conté las pocas curiosidades que han sobrevivido en mi cabeza al paso del tiempo. Hasta nos hicimos una foto con Cervantes*, a lo Verbena de la Paloma: "una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid".

Cuando nos cansamos de sudar hasta por los ojos decidimos irnos a Pulgar, ancá mi tía Maribel a comer con ella y con mi primo Jorge, el que también iba para paracaidista. Después de ponernos como el Kiko - vermú,panga rebozada, mejillones, mil quesos, Sandevid, ensaladilla, gazpacho, más Sandevid y café- llama mi padre y pregunta si hemos comido bien. Otra cosa no, pero en casa de mi tía ha sobrado comida de toda la vida. Mi tía llamó simple a mi padre, él se echo unas risas y todos tan felices. Después fuimos casa de mi abuela. Ana tenía un poquito miedo porque yo le conté lo que le dijo a un novio que tenía mi prima Laura: "¡Anda, pero si te falta el mismo diente que a mí!" . Era una muela, por si hay dudas. Mi abuela estuvo encantadora, incluso después de que mi tía le dijera que nos estábamos entreteniendo con hombres, alcohol y tabaco.

Más de alcohol y tabaco fue la cosa en La Venta del Alma, un bar precioso fuera de las murallas que encierran el casco antiguo. Antes era precisamente una venta donde la gente dejaba sus carros y demás para no tener que pagar el impuesto de entrada a la ciudad. El sitio es muy agradable, con sus mesitas y sillitas de hierro forjado, su fuentecita, su musiquita, su brisita... todo muy cuco y digno de diminutivo. Acompañándonos a las tres peritas en dulce iban dos caballeros nada desdeñables: mi primo Jorge, a la derecha, y su amigo Mariano. Con semejante compañía no ligamos nada, pero nos lo pasamos muy bien. Volvimos a casa en dos tandas, los chicos en la moto de 600 c.c. de mi primo, en la que Ana había ido de paquete - más tensa que Pinocho en las Fallas-esa misma tarde, y nosotras en el coche de mi tía. Llegamos a eso de las dos - bueno a las cuatro si se habla con la abuela, hay que escandalizar- y nos pusimos a cenar. Nunca una tosta de salmón con brie supo tan rica.

En Navidad volveremos, a ver si mi tía ha escrito ya el bestseller en el que debe convertirse la historia de su vida, a ver si mi abuela se ha cambiado el whisper-parabólica "ahí donde va el Rey", y a ver si mi primo es ya bombero. Suerte a todos.



*Esta foto pretende ser un remake de una foto que nos sacamos con el toro de Wall Street. La diferencia es que esta nos la sacaron unas brasileñas encantadoras y la de Nueva York unos torremolinenses facinerosos.

jueves, 24 de julio de 2008

Yo tongo, tu tongas... ÉL tonga


Con eso de que Ana y yo nos vamos a Toledo de visita turística y después a Pulgar de visita familiar* se me han ocurrido unas anécdotas ocurridas en este último municipio.

ÉL, así en mayúsculas, es mi señor padre. En la foto lleva lentillas, pero sin ellas ve menos que un pez frito. Cuando era pequeña me dijo que la miopía le había librado de la mili tradicional pero que le metieron a paracaidista.

Patio del recreo de un colegio de Boadilla del Monte, allá por 1993:
-Mi padre hizo la mili en Ceuta - dice llena de orgullo Menganita.
-El mio en Cádiz - replica Zutanita.
-Pues el mio en todos sitios porque era paracaidista - pá chula yo.
- ¡Alaaaa! - Menga y Zuta alucinan. Lógico.

Años más tarde, llego a casa de mi abuela, en Pulgar y me encuentro a mi primo Jorge, tendría once años por aquel entonces, y a mi padre subidos en unas sillas del comedor. Por lo visto mi padre le estaba dando clases de salto, con paracaídas por supuesto. Mi primo Jorge también ha sido una víctima inocente de mi padre. A Jorge le pirra la sopa de cocido de nuestra abuela, así que mi padre le contó que ésta había ganado con ella un concurso.

El salón de mi tía Maribel, madre de Jorge, toda la familia presente, allá por 1998:
-Mamá, mamá, ¿es verdad que la abuela ganó un concurso con sus sopas de cocido?
-Sí hijo sí, en la misma escuela en la que tu tío era paracaidista.

Yo me quedé rubia. ¿Cómo que mi padre no había saltado, cual ave planeadora, de las alturas? Hasta mi primo Jorge, que es el pequeño, sabía que era todo una farsa. Yo tenía ya 13 años y no me podía creer que me la hubieran colado así. Se rieron de mi hasta los muebles.

Mi padre desde siempre me había dicho que de joven estuvo a punto de meterse en el seminario, pero que luego se dio cuenta de que eso de la religión no iba mucho con él.

Último tramo de la carretera Pulgar-Toledo, desde donde se ve un seminario, allá por el año 1999:
-Mira Sara, el seminario- comenta mi padre.
-Ah, ¿donde casi te metiste tú? - pregunto yo.
-Vamos a ver, es que eres tonta o qué. ¿Tu ves lógico que tu padre fuera para cura y que de repente renegara de la religión por completo? - dice entre risas mi madre.
-No sé, pensé que a lo mejor te conoció a ti y por eso lo dejó - yo me había montado mi película.

Esta última bola por lo visto surgió a raíz de una broma que mi padre gasto a mi tía Maribel y a su tía Lola. Un amigo suyo, que sí iba para cura de verdad, le dejo el hábito. Mi padre se hizo una foto vestido de gala y le mandó una carta a las inocentes diciendo que había visto la luz, que con Dios tenía suficiente, y demás tontunas del estilo. Mi tía Maribel y mi tía Lola se llevaron un disgusto con llorera incluida. Mi tía Maribel ha sido consultada para escribir este post y sus únicas declaraciones han sido "tu padre es el mayor trolero".

La culpa es mía por ser tan confiada e inocente. Yo me trago cualquier cosa que me cuente alguien en quien confío porque, ¿qué razón tengo para dudar? Pero bueno, ya tengo una edad y creo que he espabilado un rato. Un momentito, que acaba de llegar mi padre...

Mi casa, allá por el 2008:
-Buenas papá, ¿que tal el trabajo?
-Sara, creo que ya va siendo hora de que sepas que no soy economista... soy ninja.


*Habrá post comentado la jugada.

miércoles, 23 de julio de 2008

Allá que me voy

Nueve de la mañana. Ha sonado el despertador y me he levantado con ilusión pero con unas legañas del tamaño de Gibraltar. He salido de casa desempedrando para recoger a Ana y hemos enfilado la carretera de La Coruña, dirección Villalba. ¿Que cómo se nos ocurre irnos casi a la sierra a esas horas tan intempestivas? Pues resulta que la niña Paloma trabaja de becaria en Radio Villalba. En su sección de los miércoles, Allá que me voy, recomienda viajes económicos a las juventudes serraniles. Hoy tocaba inter-rail y Ana era la invitada estrella.

El mapa que nos hizo dejaba bastante que desear pero, como unas escuchan atentas las indicaciones pertinentes, éstas ya en condiciones, hemos llegado sin problemas. Nos hemos encontrado a Paloma vigilando para que no se cayera el cartel. Después de enseñarnos el mantelico de pechiganchillo que ha puesto la de la limpieza en la mesa de la entrada,
Paloma nos ha presentado al personal de la oficina. Tienen motes del percal la Pezuans, el Falto, la Jevarra. Ahí es ná. A todo esto, todavía no había terminado el guión de su sección que, como muchos, había empezado entre las cañas del día anterior en la Luna. Quedaban diez minutos para que entrara en antena. ¿Prisa? ¡Pá que! Mejor nos echamos un piti. En la cafetería/sala de cumpleaños/fumadero nos hemos encontrado con el siguiente cartel. Ahora lo entiendo todo, a Palo le salen las cosas porque se le aparece la virgen.

Hemos entrado en el estudio con el guión calentito de la impresora. El locutor y jefe de Paloma, Javi, es un majete y nos ha hecho sentirnos como en casa. Ana estaba un poco nerviosa, por la voz de cazallera que, según ella, tenía de recién levantada pero lo ha hecho más bien que Dios. La sección ha durado media hora, pero yo sólo os comento momentos destacados. Después de dar paso a una cancioncilla Javi le dice a Paloma "No sé como hilar el punto ocho, 'fundamental el embutido envasado al vacío'. Esto explícalo". Por lo visto el Vicen, su señor padre, insistió en que se llevara unas viandas de casa, o sea, lo que vienen a ser treinta paquetes. Por lo visto el lomito está muy cotizado y lo puedes cambiar hasta por un chalet en los Alpes suizos. El angelote del jefe se ha metido en la boca del lobo cuando ha comentado que a lo mejor el inter-rail no era apto para personas de ciertas edades. "Creo que tu no podrías Javi, ni Alberto tampoco" ha dicho ni corta ni perezosa la niña Palo. Alberto es el técnico que debe tener 28 años max, vamos, un viejuno. He visto a una Paloma muy suelta, con madera pero muy polite. Me ha faltado que a la riñhortera esa que se lleva debajo de la ropa con los documentos importantes la llamara la fatiquera, como está mandado.

Por lo visto, todo el que entra en el estudio de Radio Villalba tiene que hablar en antena así que Javi me ha hecho despedir la sección a traición. "Muchas gracias a vosotros por invitarnos. Buenos días a todos y un saludo". He estado más sosa que un pan sin sal; la próxima vez más y mejor.

sábado, 19 de julio de 2008

Como arena entre los dedos

Ayer nos encontrábamos esta foto de la Agencia EFE en la portada de la mayoría de los periódicos españoles. Como a estas alturas sabe ya toda España, el Rey visitaba a Adolfo Suárez para entregarle el Toisón de Oro. Según unas declaraciones del hijo mayor del ex-presidente a EL PAÍS, su "padre no conoció al Rey. No conoce a nadie, pero sí agradece el cariño y don Juan Carlos fue muy cariñoso[...]". La fotografía me parece tan sencilla: dos personas de espaldas, dando un paseo mientras hablan de sus cosas. En cuanto la vi y he supe quiénes eran los retratados la ternura me volcó el corazón. Y eso antes de leer que el primer presidente de la democracia española no se acuerda de haberlo sido.

Después de dar esta noticia, el programa Visto y Oído de Cuatro trató un caso algo más anónimo. Soledad contaba que su marido Eugenio padece Alzheimer desde hace un par de años. "Me daba cuenta de que yo le decía algo, luego le preguntaba por ello y me decía que no se lo había dicho.[...] Me dijeron mis hijas, 'esto va a ser Alzheimer mamá', y yo pensaba ¡pero si es joven, solo tiene 63 años!". Soledad contaba también que se ponía muy nerviosa en cuanto Eugenio tardaba un poquito más de la cuenta en volver de comprar el periódico. Mientras Soledad hablaba en primer plano, Eugenio salía de fondo sentado en el sofá con la mirada perdida, murmurando de vez en cuando cosas incomprensibles. Eugenio todavía es consciente de su condición. "Yo pienso en que va a ser de mi vida", respondía a una pregunta de la reportera. Después miraba a su mujer y decía sonriendo hasta con la voz "pero la tengo a ella, que es mi Sol y mi bandera". "Para eso estamos", decía Soledad mientras le cogía con suavidad del brazo.

Lo primero que he pensado es que eso si que es amor para siempre: curtido, arraigado, inquebrantable. Él a lo mejor no sabe en qué día vive pero sí que vive por ella. Ella ha estado mucho tiempo deprimida a raíz de la enfermedad de su marido pero sólo se imagina a su lado. Si ya es duro y frustrante ver como un ser querido se te escapa como arena entre los dedos, sin que puedas hacer nada, más duro y frustrante todavía tiene que ser saber que, además de estar perdiendo poco a poco a tu gente, te estás perdiendo a ti mismo.

Me guardo la ternura de los primeros y el amor de los segundos.

jueves, 17 de julio de 2008

"Ya sufrirán"

Estábamos Ana* y yo tan ricamente en La Cantina tomando algo cuando yo me levanto para ir al baño. Al volver me encuentro a Ana con una cara de relaja la fosa de lo más sentida. Resulta que en mi ausencia los de la mesa de al lado se había puesto a darse el lote como si no hubiera mañana. La pobre Ana no tenía que mirar para saber el percal que había porque la banda sonora se lo decía todo.

Últimamente parece que este tipo de comportamiento una de dos, o se a puesto de moda así en general o a las parejas ansiosas les da mas por cruzarse con nosotros/as (la igualdad que no falte). Cada vez que vemos este tipo de comportamiento entonamos un "Ya sufrirán". No sé quién empezó con la guasa - quien lo sepa que lo aclare- pero a mí se me ha pegado cosa mala. Me explico: a mi no me molestan las muestras públicas de afecto pero hay matices. Me parece estupendo que dos personas se cojan de la mano, se acaricien o se besen en plan no recomendado a menores de 13 años. Es normal y lo hemos hecho todos. Sin embargo, me tocan la moral las parejas a las que, en público por supuesto, eso les sabe a poco y te dan un espectáculo ansioso de esos que la gente paga por ver.

Hoy he pronunciado un "Ya sufrirán" delante de Paloma**. Me ha regañado un poco y me ha dicho "Sara, Sara" - esto a modo "Bono, Bono vente pá la ONU y hacemos merienda-cena"- hay que decir, ¡qué bonico! porque así lo bueno como que te vuelve". A partir de ahora voy a hacer por que me parezca bien que dos se aspiren la cara. Vamos, igual hasta les animo.

*Autora de la foto de puesta de sol que aparece detrás del nombre del blog. Le estaban intentando robar el carro así que se subió.
** 90 minutos aprox:
el tiempo que llevaba la Paloma de la foto esperando a que le pusieran la crêpe en un bar de cuyo nombre no quiero acordarme:

miércoles, 16 de julio de 2008

Génesis, segunda parte.

Bueno, como algun@s (así en plan miembros y miembras) ya sabéis, este es el segundo blog que empiezo. El primero lo cogí con muchísimas ganas pero luego una se lía, se lía y pasa lo que pasa, que lo abandona. Me encantaría que este durara lo que mi doctorado pero lo veo poco factible así que le voy a limitar la vida a un año.

Desde la muerte de mi antiguo blog han cambiado muchas cosas. Primera y más importante, me he comprado un Mac del que estoy enamorada. Lo pedí con teclado español así que ya tengo Ñ, tíldés, doble exclamación e interrogación ¡¿ y demás cosillas cañís. Antes tenía que escribir las entradas en Word, dándole a todo tipo de combinaciones de teclas para escribir en un español correcto. Así se le quitan las ganas a cualquiera.

Me queda una semanita y pico aquí en los Madriles, durante la cual comentare las aventuras varias de las últimas vacaciones de tres meses de mi vida. El 7 de agosto mi madre, mi padre y yo nos montaremos en un camión alquilado y cogeremos carretera y manta (además de las mil cajas con mis cosas) para recorrer los 1000 kilometros que separan Worcester, Massachusetts de Durham, Carolina del Norte. Prometo que habrá fotos. El 14 de agosto empiezo las actividades de orientación en Duke University. Aquí os pongo una foto del edificio CIEMAS, donde está mi oficina (ojo, compartida).

Se dice se comenta que el sur de Estados Unidos es bastante distinto a lo que yo estoy acostumbrada. Que este blog sirva para que los que no vengáis a verme en los cuatro - más bien cinco- años de doctorado que me quedan veáis Carolina del Norte a través de mis ojos. Amén.