miércoles, 30 de julio de 2008

En nombre de la T4, de Iberia y del Espíritu Santo*

Lo primero que da por saco según llegas al nuevísimo y modernísimo aeropuerto de Barajas es el aparcamiento. Nada importa en que planta dejes el coche porque ninguna coincide con el acceso a la terminal. Siempre tienes que coger el ascensor pero lo mejor es que si has aparcado en la tercera o cuarta planta el trayecto es de medio mísero piso. Eso está mal planteado y punto en boca.

Cuando llegamos a la zona de facturación, eso parecía el metro de Tokio en hora punta, la peregrinación a la Mecca y las rebajas de El Corte Inglés, todo junto. A lo mejor regalaban viajes a todo el personal y a mi por pánfila no, vete tú a saber. Nos hemos encontrado con una larguísima cola serpenteante, que iba medianamente rápido, la verdad sea dicha, seguramente porque había personal de Iberia en cada puesto, algo raro raro raro.

Llegamos mi madre y yo a facturar. Primero la impresora de las etiquetas esas que ponen a las maletas para que no se pierdan – o eso dicen – está fastidiada. Después el chiquito que nos atendía nos ha dicho que no podíamos ir sentadas juntas. Mi padre ha montado un pollo de órdago, más que nada porque los asientos los había reservado hacía lo menos seis meses. El chaval va y nos dice que lo de las reservas de asiento es sólo una cortesía de Iberia, que si antes que tu llega uno sin reserva le dan tu asiento, porque no le van a poner en lista de espera, sólo faltaba. A Iberia le convendría desempolvar el diccionario de la RAE y echarle un ojo a la definición de la palabra reserva. Ya puestos, podrían también añadir la definición sui generis que se han montado para que la peña sepa a que atenerse. Acto seguido el pobre currito - la poca culpa que el pudiera tener se la he quitado yo por guapo- nos ha dicho que de llegar media hora más tarde no hubiéramos volado porque sólo quedaban cuatro asientos. Esto a hora y cuarenta minutos antes de que saliera el vuelo y habiendo ya esperado una pedazo de cola. Vamos, que se han cubierto de gloria con el overbooking de las santas narices. Ya le hemos dicho a mi padre que cuando le toque volar a él vaya mejor la noche anterior a coger sitio, no vaya a ser que tengamos un disgusto.

Para llegar a nuestra puerta, la U67, donde Cristo perdió la cangrejera, nos hemos tenido que montar en el trenecito de la bruja. La primera vez que lo cogí pensaba que era un vacile tipo cámara oculta porque al bajarme parecía que habíamos dado una vuelta tonta para volver a nuestro lugar de procedencia. El caso es que después de bajarnos del tren y hacer los mil metros aeropuerto hemos llegado a nuestra puerta, bueno no, a la zona anterior a las cuatro o cinco puertas de las que salen vuelos a las Américas. Allí nos hemos encontrado con otro control de pasaportes que monta el personal de Iberia, mucho más cualificado para revisar documentos oficiales que la Guardia Civil, dónde va a parar. Esto por si con los otros dos controles hechos por los cuerpos de seguridad del Estado no habíamos tenido suficiente o por si nos habíamos colado por el túnel del trenecito.

Cuándo me he montado en el avión me he dado cuenta de que el noventa por ciento de las familias iban separadas. Las azafatas han cogido un radiocasette y la peña ha jugado a las sillas musicales un rato para arreglar la situación. La cinta se ha parado en un momento inoportuno y la gente, incluidas mi madre y yo, se ha quedado como estaba: separada de sus acompañantes.

Me he puesto a escribir porque la tía que tengo delante me ha encabronado** y su presencia me impide leer. Su voz tiene el agradable timbre de unas uñas largas contra una pizarra. Usando mis superpoderes de deducción, y escuchando las sandeces que dice, he concluido que la pava es más falta que todas las cosas. La muy brasas le está dando la chapa a una señora mayor que está aguantando el chaparrón como una campeona. Angelote. La Einstein ha contado que cuando iba de Boston a Madrid se montó por equivocación en un vuelo a Canarias, de donde la tuvo que sacar su papi chulo. Ella lo contaba como si fuera un chiste de Jaimito. También ha comentado lo mucho que quiere a su novio y como temblaba la Visa de su papi cada vez que se iba de compras. Pues con la pinta que lleva cualquiera lo diría. Bueno, parece que la chavala va a echar una cabezadita y va a darnos tregua a su compañera de asiento y a mí. Menos mal.

*Escrito en un momento de máxima relajación de fosa mientras volaba por encima del Atlántico el 29 de julio.
**Foto sacada con la webcam en el momento de máximo chine.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querida sobrina: parece mentira que aun, con todo lo que has viajado España EEUU no sepas la mala organizacion que hay en los aeropuertos Españoles, sobre todo cuando un chaval con uniforma se las da de listo, exije, exige y no te soluciona nada. Ya sabes ""Si quieres saber lo hijo puta que es Ricardito .............dale un carguito; todos se creeen coroneles de aviacion y al final lo unico que hacen es fastidiar a tope y no resolver nada.
Que tu padre monto en colera????????????? no me lo puedo ni creer....jajajaj con lo amante que es de lo justo seguro que no lo llevo a la OCU por no fastidiarse las vacaciones. Pero en fin estais alli y es lo que importa la proxima vez ya sabresis algo nuevo.
Un besito

Sara D. dijo...

Pues si que le gusta montar el pollo a mi señor padre. Si hubiera viajado el hubiera ardido Troya, de eso estoy segura. Un beso muy grande.