domingo, 31 de agosto de 2008

Trader Joe's*


Me he levantado con un dolor de cabeza de antología. Y no, no tenía resaca. He estado haciendo el vegetal en el sofá desde las nueve hasta las dos, lamentándome de mi suerte y sin Tylenol con el que doparme. Cuando he podido levantarme sin que me diera algo, me he duchado, vestido y montado en José Monge Cruz . Hemos ido a uno de esos sitios que siempre me hace sentir mejor: Trader Joe's.

Trader Joe's es un supermercado distinto a cualquier otro. Mi padre diría que es para granola eaters - gente que come granola, es decir, hippies, vegetas y tribus similares-. A mi el granola me priva, con lo cual soy asidua desde hace años. Tanto es así que cuando Liz - mi ex-compañera de piso- se enteró de que me venía a Carolina del Norte me dijo muy seria "Sara, estoy preocupada. ¿Allí tienen Trader's?". El más cercano a mi casa está en Chapel Hill, el pueblo del al lado. El trayecto de diez minutos se me pasa volando sabiendo lo que me espera.

Según entras te percatas de que los empleados llevan camisas hawaianas. Que vayan de esa guisa y que encima sean tan majetes ya es motivo suficiente para apoyar este negocio. Lo segundo que llama la atención es la selección musical. Nada de esas cancioncillas de videojuego o de ascensor a las que nos tienen acostumbrados los supers tradicionales. El hilo musical del Trader's es buerrollista: reggaealegre, la banda sonora de Grease, temazos de Motown y demás éxitos de hoy, ayer y de siempre.

Aparte de tener una barbaridad de productos para vegetas y pseudovegetas como yo, también hay una cantidad considerable de comida étnica. Puedes comprar unos jalapeños frescos, tofu, arroz basmati, pasas cubiertas de chocolate con leche o negro, cheddar australiano, spanakopita, mahi-mahi, café costarricense, un Marqués de Cáceres, pollo vindaloo listo para meter en el micro, y un largo etcétera. Cabe destacar la altísima calidad de todos los productos, en especial de los pescados congelados y de las comidas pre-preparadas. En el Trading Post siempre hay algo que llevarse al buche y café acompañar. Gratis, por supuesto.

Cuando estás haciendo cola en las cajas ves la variedad de bolsas reutilizables que puedes comprar para ahorrar papel (no usan plástico). A Ana le gustó tanto la que compró que la usa de bolso y triunfa como Los Chichos. Estoy pensando comprar unas cuantas y venderlas, en plan moderno, en Fuencarral. Precio aprox.: 30 o 40 euros. Teniendo en cuenta que cuestan entre unos 3 dólares, haría el agosto. Después de saludarte de colegueo el cajero o cajera se hecha una partida de Tetris con tu compra. En una ocasión vi como metían un carro rebosante en tres bolsas. Eso es talento y lo demás garrafón.

He llegado a casa con dos bolsas a tope de comida y bebida para dos semanas. El dolor de cabeza me lo habré dejado por el camino.

*Trader Joe's no me paga por ponerles por las nubes. Al menos eso me han dicho que diga.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Dos veces en un día

En mi laboratorio comemos todos juntos. Cogemos cada uno nuestra tarterita de la mininevera y nos sentamos alrededor de un pedazo de mesa, que es también el escenario de nuestras reuniones de laboratorio. La oficina de Pete, recién doctorado, da a la sala donde se encuentra dicha mesaza. Ayer le estaban montando un despacho nuevo -estanterías estrabóticas, silla galáctica y escritorio atómico- dos operarios que entraban y salían. Uno de ellos nos preguntó si trabajábamos "en lo del desminado". Se refería al área de investigación que ocupa a la mitad del laboratorio: mejorar los sistemas de detección de las más de 60 millones minas antipersonales que se encuentran en unos 70 países por todo el mundo. Me voy a ahorrar los detalles y os voy a decir simplemente que les va viento en popa a toda vela. Le contestamos que no todos nos dedicamos a eso. Nos dijo el había sido marine y había visto lo que hacen las minas cuando explotan. Nos dio las gracias por salvar vidas. Se hizo el silencio. Llevo en esto poco tiempo pero creo que son momentos así los que le recuerdan a un investigador que lo que hace tiene trascendencia más allá de su laboratorio. Ojalá pueda vivir un momento así con paciente implantado. No quiero una subidita de ego sino saber que una pila de años de estudio y esfuerzo han servido para cambiar una vida aparte de la mía.

El resto del día trabajé con más ahínco. Me fui a casa como en una nube. Como me estoy cuidando me fui al gimnasio a moverme lo justo. En la tele estaba puesta la Convención Nacional Demócrata. La he estado siguiendo y sabía que esa noche Hillary Clinton iba a hacer la segunda intervención más esperada del evento. Me volví rápido a casa para verla tranquila. No se sabía muy bien como iba a enfocar su discurso, por aquello de la rivalidad que hasta hace poco le enfrentaba con Barack Obama. Dio un discurso para quitarse el sombrero porque ella es una mujer como está mandado. No sé si es que yo tenía el día tonto pero me emocioné. Reconoció su derrota con elegancia y demostró su apoyo a Obama más y mejor de lo que se esperaba. Habló de cómo Bush se ha cargado este país en los últimos ocho años con la guerra de Irak, la dependencia del petróleo de Oriente Medio, el apoyo a las empresas que explotan dicha industria, la falta de fondos para salud pública. Queda claro que he resumido. Con el tonto del haba ese hace tiempo que Estados Unidos, citando al siempre elocuente Aznar, no "va bien". El inútil ese ha conseguido que el mundo entero se centre en todo lo que falla en este país, que es muchísimo, y que no sea capaz de ver ni con lupa lo que "va bien". Lo ha hecho todo tan mal que, gane quien gane, esto tiene que ir a mejor. Para mí Obama representa el cambio que este país necesita como agua de mayo. Me encantaría que cumpliera todo lo que promete. Lo veo difícil pero, como a tantos americanos, me queda la esperanza.

lunes, 25 de agosto de 2008

Pistoletazo de salida

Hoy Duke ha vuelto a la vida. Para muchos es el primer día de la facultad y para mí, en cierto modo, también. Hoy empezaban las clases pero una tiene suerte y justo los lunes no tiene que meterse en un aula, lo que no significa que libre.

He aprovechado la mañana para hacer unas gestiones de esas que tanto nos gustan a todos. A las ocho menos diez de la mañana ya estaba haciendo cola en la puerta de Tráfico para sacarme el carnet de conducir de Carolina del Norte. Por lo visto al comprarme un coche aquí no me puedo escaquear de este tostón de trámite. Te piden el oro y el moro: prueba de residencia, carnet de conducir de otro estado, papeles del seguro y tarjeta de la seguridad social. Esta última me la había mandado mi madre por correo certificado pero yo estaba de picos pardos cuando vino el cartero. Me ha tocado ir a Correos a por la puñetera tarjeta y después volver a Tráfico a chuparme otra cola.

Como parte de la prueba de vista me han puesto una serie de señales para que las identificara. ¿Un octógono rojo? Buff, no sé. ¿Una señal blanca con una pedazo de silla de ruedas azul?Uiii, jodido. Luego he hecho el teórico que era una broma no, lo siguiente. Pregunta: Si vas detrás de un tractor y le quieres adelantar, ¿qué debes hacer? Adelantar a toda hostia, está claro. Suma y sigue. De veinticinco preguntas no he fallado ni una. Sólo me aprendí dos folios que había en un blog que me recomendaron. Del código he pasado un kilo. He perdido dos horas y media de mi vida. Pero ya tengo carnet. Se nota que no me había peinado y que me faltaba cafeína. Me han dado a elegir el dibujo de fondo entre un avión -por eso de los hermanos Wright-, un faro y un mapa del estado. Con el caché que me hubiera dado una foto de un plato de bravas y un tinto de verano.

Como estoy más perdida que Marichalar en el Serengeti he ido a mi oficina a ver que se cocía. De camino me he dado una hostión de antología en la mano contra el espejo retrovisor de un coche. Tengo un problema de lateralidad. Se me ha puesto morada e hichada al instante, lo que me hace creer que me he roto más de un vaso sanguíneo. Bien empezamos. He llegado a la oficina con cara de pardilla y soplándome la mano. Los chavales - los otros candidatos doctorales, todos hombres- se han portado muy bien conmigo. Me han dado unos Sugus -aquí se llaman Starburst-, me han enseñado el ordenador que me habían instalado, me han hecho un café y me han dejado todos los libros que necesito para las tres clases que voy a dar este semestre. No se les puede pedir más.

A las dos nos hemos juntado todo el laboratorio - la directora, tres de los cuatro doctores que trabajan para ella y seis estudiantes de postgrado- en la sala de conferencias para escuchar una presentación de Katie, una candidata doctoral que por lo visto vive lejos. Yo me había hecho a la idea de que ella estaría de cuerpo presente. Me he quedado rubia cuando ha llamado por Skype y ha dado la charla remotamente. Han puesto un micro modernísimo - rendondo, planeado y del tamaño de una pelota de petanca- en la mesa y a través de él han estado una hora y media de risas electrónicas. Palabra. Mis compañeros se ríen un huevo, lo que me da un buen rollo considerable. El único problema es que como no me entero ni del NO-DO pues la mitad de las guasas no las pillo. Todo llegará.

Creo que ya me voy enterando de lo que se espera de mí. Se supone que entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde si no estoy en clase tengo que estar en mi oficina. Me han dado una pila de unos cuarenta artículos, de entre quince y cuarenta páginas cada uno, para que me documentando sobre implantes cocleares. Por lo poco que he leído, lo que más les cuesta a los implantados es entender una conversación. Así que me voy a dedicar a hacérselo algo más fácil. Eso de aquí a varios años claro. Por ahora me voy a centrar en las clases de mañana. Después ya veremos.

domingo, 24 de agosto de 2008

La gente está muy liada

Sé que hace mucho que no escribo nada. Como decía el jefe de un pseudoamigo "la gente está muy liada". Yo más. Aunque la cosa empeorará intentaré que este parón no se vuelva a repetir. Aparte, he perdido la poca ocurrencia que tengo a la hora de escribir durante estas últimas semanas. Ayer la encontré metida en una caja, debajo de mi gorro de cowgirl y unos crispis caducados. Antes de nada un disclaimer: os tengo que contar tantas cosas, y eso que he resumido, que igual este post no es muy coherente sino más bien una colección de titulares.

Mi etapa margi: Mis padres se fueron el martes 11 y me dejaron más sola que la una. Cuando me llamaba la gente para preguntarme qué tal iba todo daba la misma respuesta que cuando empecé en el Mirabal con cinco años: "Muy bien pero no tengo amigos". En ambos casos la situación sólo duró unos días. Como no tenía nada mejor que hacer me dediqué a comprar menaje del hogar y ha buscar sitios con el coche. Mi soledad terminó con...

La (des)orientación internacional: Qué bien se lo montan los americanos para algunas cosas. Lo de las orientaciones es, como diría mi padre, "pa filmarlo". Las hay según tu departamento, tu nacionalidad, dónde vivas, en lugares religiosos y seculares, sobré ética, poética y la madre que te parió. Algunas son útiles porque te dan información valiosa -el número de la policía de la universidad, el horario de los autobuses- y cosillas gratis -agendas, archivadores y demás. El caso es que todo tiene un límite y el viernes, cuando tuve la última actividad de orientación - departamental para más señas- estaba ya hasta el fandango. Estos saraos están muy bien para conocer a gente, y como yo era margi pues ahí estaba, más lista para hacer amigos que un perrillo hambriento. Os pongo un par de fotillos* de los amigos más cercanos que he hecho. Son buenísima gente todos. Parecemos la delegación de la ONU aquí en Durham.

La BBQ (barbecue) en Pinnacle Ridge: Si el jueves 14 ya hice amigos en la orientación internacional, el viernes 15 salí de fiesta con ellos, como no podía ser de otra manera. Fuimos a un garito donde daban clases de salsa durante una media hora y después dejaban que la gente se moviera a su bola. Vamos a ver, una no baila del todo mal pero lo que no voy a hacer es el ridículo delante de un montón de latinoamericanos que llevan la salsa en la sangre. Sólo faltaba. Pues en éstas estaba yo, intentando mantener mi dignidad, cuando conocí a René, a su prometida Shaina, a Cameron y a Megan. Resulta que todos viven en Pinnacle Ridge. Al final de la noche, después de haber humillado públicamente haciendo el pato en la pista de baile, a Andrea y a René se les ocurrió la genial idea de hacer un pic-nic en la piscina. Cada uno trajo lo que quiso para comer - yo hice una ensalada y una focaccia pá llorar, porque yo lo valgo- nos pusimos ciegos, charlamos, nos reímos y nos bañamos. Esto de conocer a gente de la urba** hace que me sienta más como en casa.

Excursión a Falls Lake: Seis futuros esclavos doctorales decidimos celebrar nuestro último fin de semana de libertad con una excursión en plan dominguero, aunque fuera sábado, al lago Falls. Los americanos han adoptado la noble tradición del domingueo pero todavía no lo saben. Aquí hasta venden neveras de playa desechables. La leche. Cargados con una, sandwiches, patatas fritas y fruta nos fuimos a una pseudoplayita que hay en el lago a bañarnos y a tomar el sol. Habían acotado la zona de baño de tal manera que el agua me llegaba, a lo sumo, por la barbilla. Era casi como bañarse en una pequepisci por eso y por la temperatura del agua, peligrosamente cerca a la de una meada bien echada. El agua tenía mucha materia en suspensión, prefiero no saber de que tipo. Lo que si sé es que cuando me quité el bañador el forro ya no era blanco, sino marrón. Sospechoso. Después nos fuimos de marcha a Chapel Hill, ciudad vecina de Durham donde está la Universidad de Carolina del Norte. Caminando por la calle principal vimos un bar atestado de gente con un grupo de country tocando, banjo incluido, y con varias parejas bailando como si no hubiera mañana. Esto es el sur, baby.

Mañana se acaba la la juerga y empiezan las clases. Como las mías son de martes a viernes tengo un día más de libertad. Me voy a pasar la mañana haciéndome el carnet de conducir de Carolina del Norte. Una juerga... Tengo que aprobar el teórico, que por lo que he oído es de un absurdo y dispar que no se puede aguantar. Igual después me paso por mi oficina a preguntar a los otros estudiantes de doctorado de mi laboratorio qué se supone que tengo que estar haciendo. Es lo que tiene que la catedrática que te supervisa sea también la directora del departamento. Lo que os decía, que "la gente esta muy liada".

*Primera foto, empezando por la izquierda: Mehmet, turco; Joe, americano, amigo de mi vecina y amiga Andrea; Merve, turca; Gabriela, argentina y Domenico, italiano. Segunda foto, empezando por donde siempre: servidora; Zana, kosovar; Merve de nuevo; Andrea, colombiana; Zeynep, turca y Domenico de infiltrado.
**Por la izquierda: Cameron; Megan; servidora; Andrea, colombiana; Jason; Rolando, costarricense; Mary; Shaina y René, ecuatoriano; Eduardo, mexicano, y Zana, kososvar. Los que no tienen nacionalidad especificada son más americanos que la Coca-Cola.

viernes, 8 de agosto de 2008

Road trippin' - Segundo Día


El segundo día de nuestra road trip empezó con un desayuno americano para campeones en el Waffle House - Casa del Gofre - de Freidricksburg, Virginia. Es un sitio a lo diner donde las camareras te llaman honey - cari- y no llevan patines porque Dios no quiere.* Muy auténtico.

Con la panza llena de deliciosos gofres nos montamos otra vez en el camión y cogimos la I-85 hacia Durham. En las cuatro horas y pico de camino no vi nada digno de mención, mayormente porque sólo había arboles y más arboles. Un coñazo de autopista muy serio.

Al llegar a Durham cogimos la salida equivocada. Hubo griterío. Cuando nos calmamos un poquito fuimos capaces de encontrar mi urbanización, Pinnacle Ridge**. Yo no me esperaba gran cosa. Las fotos que había visto en internet eran normalillas y yo supuse que ese era el mejor perfil de este sitio. Cuando vi la urba en persona me quedé rubia. Es preciosa. Según entramos por la puerta principal, a la que se accede o con una tarjeta o con un telefonillo modernísimo que te llama a tu móvil para que abras al personal, vimos el club social. Es igualito que el de El Paular. Tiene una piscina pequeña pero muy bien cuidada, un gimnasio con doce máquinas nuevas, una lavandería, una pista de tenis, otra de squash, refrescos y picoteo gratis... Y por dentro es todavía más ideal. Ahí me veis, con mi ropa recién lavada aprovechándome del wifi gratis. Me gusta que hayan respetado el bosque que rodea la urbanización. Entre los bloques hay arboles, riachuelos y chicharras que dan la murga, bucólicamente claro, por la noche.

Descargar el camión fue un palizón. Vivo en un segundo sin ascensor. Creo que queda todo dicho. Mi casa es pequeñita pero es mía, que es lo que cuenta. Tiene 60 metros cuadrados, un salón grandecito, una cocina con barra americana, un dormitorio, un baño, una terracita, una despensa y suficientes armarios para la cantidad obscena de ropa que tengo. Cuando esté montada - tengo un colchón pero me faltan la cama, el sofá y alguna estantería - y presentable pondré fotos. De momento ir de un lado a otro es como hacer una gincana.

El caso es que dejamos todas las cajas en montones y nos fuimos, con el camión por supuesto, al concesionario Toyota de Mark Jacobson. Aquí los concesionarios suelen tener el nombre del personaje que los regenta. Yo había quedado en ir a ver al tío con el que llevaba hablando unas semanas, el gran Carl Baker, nada más llegar. Carl podría venderle a un ciego unas lentillas, y eso sin esforzarse. No nos pudo tratar mejor. Hasta me dio una vuelta por el concesionario- un cacho de edificio que costó 16 millones de dólares construir. Ahí es nada. Podría enumerar las mil maravillas del sitio pero creo que con un detalle basta. Los mecánicos trabajan en un pabellón climatizado a 22ºC todo el año, donde no hay grasa porque los suelos se limpian y desinfectan todos los días. Mi nuevo coche es un riquísimo Toyota Matrix 2009. Es de marchas, por supuesto. Las mujeres de verdad no conducen automáticos.

Próximamente: un post con fotos del campus de Duke, que es pá llorar. Yo, por ahora, me debo a mis cajas.

* Paloma, a ti te encantaría.
** Pinnacle Ridge dicho con acentazo causa unas risas similares a las que provoca mi "Samantha goes from Cincinnati to Ohio". Cincinnati está en Ohio, pero vamos, que más da.

jueves, 7 de agosto de 2008

Road trippin' - Primer Día


El despertador a sonado a las seis. En el quinto sueño. En menos de una hora estábamos ya en marcha. El camión lo habíamos recogido y cargado la noche anterior. Vaya partida de Tetris nos echamos, y eso que sobraba sitio. Nos lo alquiló un abuelito bien rerri llamado Al - flanqueado en la foto por mi padre y por una servidora.

Ha sido un primer día sin incidentes pero no por eso aburrido. Mi pobre ha hablado poco en todo el viaje, síntoma de que el trancazo que tiene le ha dejado doblado. Tanto él como mi madre se dan una maña seria con el camión. Siempre está bien tener un oficio alternativo. A mi no me dejan conducir porque no se fían. La excusa es que quieren que mi historial de conductora siga como los chorros del oro para que no me suba el seguro del coche nuevo. Con la ilusión que me hacia a mi ponerme una camiseta blanca con cercos de sudor, meterme tabaco de mascar en la boca y cantar country a todo pulmón por la costa este. Me queda el consuelo de hacer de asistente de incorporación. Al no tenerle pillado el truco al retrovisor exterior derecho, mis progenitores necesitan ayuda a la hora de cambiarse a dicho carril. Tenemos todo un sistema: cuando no hay moros en la costa hay que gritar "¡Adelante!". Bueno, yo lo digo en un tono normal pero mi padre parece que está mandando a todo un ejército al ataque.

A la altura de Nueva York hemos cruzado un puente que impresionaba bastante, el Tappan Zee Bridge. Es una ruta alternativa para los listos como nosotros que no quieren atravesar la jungla manhateña. Poco después hemos visto un camión que llevaba una estampita - el diminutivo es sólo una forma de hablar - de San Miguel pegada tanto en la puerta como detrás. No tengo parole. Bueno, mentira. Si os fijáis bien podéis leer "Jesus is our driving force" o "Jesús es la fuerza que nos conduce". Un minuto de silencio para apreciar un juego de palabras tan sofisticado.

Al poco hemos parado a comer en una especie de Ars, pero a lo American Way of Life. Como en cualquier estación de servicio del mundo la comida era deficiente y había mucha fauna que comentar. A destacar la minipizza grasienta que me he zapado y los militares de uniforme que tanto le gustan a la niña Ana.

Al rodear Washington DC hemos pillado el atasco más grande que he visto en mi vida. No es guasa. La recepcionista del hotel nos ha dicho que el tráfico desde la capital hasta donde estamos - en Fredricksburg, Virginia, a cien kilómetros de Washington - dura desde las 4:30 de la mañana hasta las 9 de la noche. Todo esto por seis o siete carriles de autopista en cada sentido. Para que luego la gente se queje de la M-40. Esto si que es para pegarse un tiro no, dos. Me aburría bastante y además me estaba quedando sopa así que me he entretenido mirando los coches. He visto uno que es que era carne de cañon. El coche en sí ya era feo con avaricia pero es que encima no le faltaba detalle: un tribal distinguidísimo, dos escudos - a falta de uno- del Barça, y una pegatina de los marines. Dispar.

A eso de las siete de la noche, y ya hasta el fandango, hemos decidido dejarlo por hoy. El alojamiento elegido ha sido un Holiday Inn, una cadena hotelera de toda la vida. Lo primero que hemos hecho, después de dejar a buen recaudo nuestro camión , ha sido ir al bar del hotel a tomarnos una cervecita. Según entro me encuentro un cartel que pone "Únete a nuestra happy hour. Todos los días de 11 de la mañana a 8 de la noche". Genial. Según te levantas te puedes enchufar un lingotazo y a las ocho de la tarde, cuando ya vas como las Grecas, empieza o el karaoke - cierto esto también - o el concierto del día. Hoy tocaba banda. Era una mezcla entre country y música setentera - descripción cortesía de mi madre - que me ha dejado rubia. Por lo menos mi padre ha botado un poco y se le ha alegrado la cara. Después hemos cenado en el Wendy's - comida rápida un ápice mejor que el Burrikin. Y con esto y un bizcocho... me voy al sobre. Mañana cuatro horitas más hasta Durham. A ver que tal.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Entre cajas, camiones y bibliotecas

Estoy hasta el fandango de tanta caja, tanta cinta de embalar y tanta maleta. Odio las mudanzas con cada fibra de mi ser. Supongo que lo estar rodeada de tantas cosas es culpa mía. En los últimos cuatro años, con sus cuatro puñeteras mudanzas correspondientes, he acumulado cosas de las que me es imposible deshacerme: mi ropa, mi wok, mis libros, mi cubo de la fregona, mi batidora, mi tostadora, mi vajilla... Mis tesoros.

Esta tarde vamos a por el camión que nos llevará a mis padres, a mis trastos y a mí hasta Durham. La elección del mismo ha sido casi tan complicada como la del sumo pontífice. No preocuparse, ya se ve la fumata blanca. En principio íbamos a coger una furgoneta, modelo mamamóvil. Cuando la vi le dije a mi madre que nanai, que ahí no iban a caber mi colchón, mi cajonera, mi escritorio y demás. Después de mucho pelear mi madre dijo que vaaaaaale, que un camión pero sólo de tres metros. Mira tú por dónde, ese modelo solo tiene hueco para dos personas. Descartado. Por fin nos decantamos por el de más de cuatro metros de longitud. Como creo que hasta el día 11 o así no voy a poder poner un post contándoos nuestro road trip, os dejo una foto de un dibujo del camión, para ir abriendo boca.

Al tener espacio de sobra, hemos hecho una especie de compra en el Súper Ollie, alias la casa de mi abuela. Mi madre amuebló su primera casa con muebles de su buahardilla. Aunque el Súper ya no es lo que era yo me llevo la saca bien llena. Así a voz de pronto he sustraído una mecedora, una sillita, una mesa de comedor - restaurada entre mi madre y yo -, dos toallas de playa, tres mochilas, unos cuelga-fácil y unas bolsas de basura.

Cambio de tema radical. Para los que os estéis preguntando desde dónde os escribo, estoy en la Biblioteca Municipal de Petersham. No sé porque se olvidó mentarla en el post porque es uno de los edificios más bonitos. Creo que se construyó allá por 1890. El aspecto exterior no ha cambiando desde entonces. El interior ha cambiado algo más, pero vamos, juzgad vosotros mismos. La primera foto es del año 1895 y la segunda de hace nada. Hay un ordenador del Pleistoceno y otro sólo de la Edad del Metal, ambos con internet. Lo importante es que es gratis, como a mi me gusta. Este año la biblioteca se ha apuntado al siglo XXI. Tenemos wifi señores. Tengo a mi padre al lado diciendo "Esta biblioteca ya la quisieran muchos pueblos españoles de este tamaño". Es que él es el fan número uno. Las bibliotecarias son amabilísimas y hasta me invitan a traerme una sillita para sentarme en la calle y usar el internet fuera del horario. Lo tendré en cuenta para mi próxima visita. El próximo post ya desde North Carolina.

lunes, 4 de agosto de 2008

Worcester, esa ciudad con encanto costra

Llevaba 73 días exactos sin pisar la ciudad donde viví mientras me sacaba la carrera. Como dijo mi amigo Julián en más de una ocasión, "Worcester tiene un encanto costra". Después de tres años de una relación más de odio que de amor, la segunda ciudad más grande de Nueva Inglaterra se hizo conmigo. El punto de inflexión fue conocer a un grupo de gente increíble, los cuales tienen en común el bar del que me convertí en asidua, el Sahara, y el barrio del este de la calle Highland, donde se encuentra mi ex piso. Antes de irme a Carolina del Norte tenía que pasarme a hacer una visita. Me he sentido un poco absurda, porque cuando me fui en mayo monté, o me montaron, según se mire, un espectáculo de órdago. Hubo muchas fiestas, cenas, lloros y demás. Esta visita ha sido la primera de muchas, bueno, las que mi precaria economía mi permita, que espero hacer en los próximos cinco años.

Lo primero que hice nada más llegar el viernes fue visitar a mi antigua jefa, Shelley, la Directora de Programas de Mujeres de mi universidad, y a la secretaria de la oficina, Judy. Estuvimos de cháchara un buen rato y hasta los rectores, los cuales residen en la oficina de al lado, se unieron a nuestro sarao. Al salir del edificio me encontré con una serie de colegas que no sabían que iba a venir. Se quedaron un poco pillados al verme. Es lo que tiene no avisar. Después me pasé por el Bean Counter, la cafetería de mi barrio desde la cual os escribo, a esperar a María. Era su cumpleaños y se merecía salir a comer.

La noche la pasé en el Sahara, como no podía ser de otra manera. Gracias al cumpleaños de María nos juntamos unos cuantos. Hubo tarta, cortesía de Jeanna, cerveza, música española de la que dejé en el bar y muchas risas. La SWS, Sahara Women's Society, estuvo por fin reunida. Ni la asociación sahariana masculina, SSS, o Sahara Secret Society, ni la distancia han podido con nosotras. En la foto salimos cuatro de las cinco componentes: empezando por la derecha, Jeanna, experta respostera y futura doctora en biomedicina, María, la cumpleañera y comerciante de Highland Street, servidora y Nadia, la cocinera del Sahara. El quinto miembro, o miembra, según se prefiera, es Tanya, camarera del Sahara y compañera de facultad.

El sábado lo pasé con mi amigo Austin, en la foto con nuestra amiga Jess. Subió desde Connecticut para pasar conmigo el finde, aunque me tongó hasta hacerme pensar en varias ocasiones que no iba a venir. Fuimos a la casa del lago de mi abuela, donde nos llovió casi todo el día. Aun así nos bañamos con valentía y arrojo. Eso sí, cuando empezamos a oír truenos salimos corriendo. Según nos íbamos salió el sol. La cualidad esquizo del tiempo de esta zona se resume en el siguiente dicho popular: "si no te gusta el tiempo, espera cinco minutos".

La noche del sábado también fue sahariana. Apareció Jess, compañera de promoción y de la hermandad. Se marcó un rap y yo la hice los coros, como en los viejos tiempos. De aquí al estrellato. También se pasó El Caballero Edvin, a la izquierda, y cuando menos me lo esperaba entró Mario. Son Gran Guatemala y mis hermanos. ¿A que nos parecemos cosa mala? Mario está negrísimo y muy mazado de tanto currar a la solanera. Hemos pensado en venderle a una viuda con dinero, seguro que nos sacamos una pasta. Peter conoce muchas, por su trabajo en el club de campo, y nos va a echar una mano. Para más inri, tocaba Jubilee Gardens, grupo típico del bar, y la peña estaba animada. Ayyyy, una noche de finde como las de siempre.

Como marca nuestra tradición, la SSS y la SWS nos unimos a mediodía en son de paz, amor y compañía para tomar el café del domingo* en el Bean Counter. Fue los mejores cafeteos domigueros porque hubo pocas bajas. Hay cosas que no cambian: Tanya llegó con cuarenta minutos de retraso y con resaca, los Johnes se metieron con María a mansalva y a mi se me intentó dejar en el ridículo más espantoso.

Mi intención era irme el domingo por la noche, para terminar los preparativos de la mudanza. No he podido marcharme todavía porque Nadia me ha hecho chantaje: "Pero Saraaaa, si he dejado pollo marinando para la cena que hago el lunes en mi casa. Sé que te encanta, lo he hecho por ti...". Una cede ante estas cosas y por supuesto me quedo a cenar. Tengo unas ganas bárbaras de hincarle el diente al plato estrella deNadia. Está para llorar, lo juro.

La verdad es que no me apetece nada marcharme. Esta ciudad cochambrosilla y su gente me han dado de todo sin esperar nada, sin juzgar y sin pretensión alguna. Como dijo John El Irlandés, alias el profeta, en una ocasión "De cualquier otra ciudad te puedes olvidar, pero El París de los Ochenta siempre te acompaña". Hasta siempre Worcester.

*La peña de la foto, empezando por la izquierda: John El Judío, María, Tanya, servidora, El Caballero Edvin, Peter El Griego-Armenio y John El Irlandés.