He aprovechado la mañana para hacer unas gestiones de esas que tanto nos gustan a todos. A las ocho menos diez de la mañana ya estaba haciendo cola en la puerta de Tráfico para sacarme el carnet de conducir de Carolina del Norte. Por lo visto al comprarme un coche aquí no me puedo escaquear de este tostón de trámite. Te piden el oro y el moro: prueba de residencia, carnet de conducir de otro estado, papeles del seguro y tarjeta de la seguridad s
Como parte de la prueba de vista me han puesto una serie de señales para que las identificara. ¿Un octógono rojo? Buff, no sé. ¿Una señal blanca con una pedazo de silla de ruedas azul?Uiii, jodido. Luego he hecho el teórico que era una broma no, lo siguiente. Pregunta: Si vas detrás de un tractor y le quieres adelantar, ¿qué debes hacer? Adelantar a toda hostia, está claro. Suma y sigue. De veinticinco preguntas no he fallado ni una. Sólo me aprendí dos folios que había en un blog que me recomendaron. Del código he pasado un kilo. He perdido dos horas y media de mi vida. Pero ya tengo carnet. Se nota que no me había peinado y que me faltaba cafeína. Me han dado a elegir el dibujo de fondo entre un avión -por eso de los hermanos Wright-, un faro y un mapa del estado. Con el caché que me hubiera dado una foto de un plato de bravas y un tinto de verano.
Como estoy más perdida que Marichalar en el Serengeti he ido a mi oficina a ver que se cocía. De camino me he dado una hostión de antología en la mano contra el espejo retrovisor de un coche. Tengo un problema de lateralidad. Se me ha puesto morada e hichada al instante, lo que me hace creer que me he roto más de un vaso sanguíneo. Bien empezamos. He llegado a la oficina con cara de pardilla y soplándome la mano. Los chavales - los otros candidatos doctorales, todos hombres- se han portado muy bien conmigo. Me han dado unos Sugus -aquí se llaman Starburst-, me han enseñado el ordenador que me habían instalado, me han hecho un café y me han dejado todos los libros que necesito para las tres clases que voy a dar este semestre. No se les puede pedir más.
A las dos nos hemos juntado todo el laboratorio - la directora, tres de los cuatro doctores que trabajan para ella y seis estudiantes de postgrado- en la sala de conferencias para escuchar una presentación de Katie, una candidata doctoral que por lo visto vive lejos. Yo me había hecho a la idea de que ella estaría de cuerpo presente. Me he quedado rubia cuando ha llamado por Skype y ha dado la charla remotamente. Han puesto un micro modernísimo - rendondo, planeado y del tamaño de una pelota de petanca- en la mesa y a través de él han estado una hora y media de risas electrónicas. Palabra. Mis compañeros se ríen un huevo, lo que me da un buen rollo considerable. El único problema es que como no me entero ni del NO-DO pues la mitad de las guasas no las pillo. Todo llegará.
Creo que ya me voy enterando de lo que se espera de mí. Se supone que entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde si no estoy en clase tengo que estar en mi oficina. Me han dado una pila de unos cuarenta artículos, de entre quince y cuarenta páginas cada uno, para que me documentando sobre implantes cocleares. Por lo poco que he leído, lo que más les cuesta a los implantados es entender una conversación. Así que me voy a dedicar a hacérselo algo más fácil. Eso de aquí a varios años claro. Por ahora me voy a centrar en las clases de mañana. Después ya veremos.


3 comentarios:
Por cierto, fijaros en el el carnet, donde pone HAIR: BRO (o "brown"). Según el estado de Carolina del Norte soy morena. Cachis.
SAra, me encanta tu blog, no porque sea tu padre sino porque escribes bien. Te recomiendo que veas la posibilidad de guardarlo(debe haber alguna manera. Con el tiempo sera un incunable.
Un beso
White Hunter,
Que vas a decir si eres mi padre. Muchas gracias de todas formas. A ver si esta noche hago una investigacion a fondo sobre el tema. Te quiero mucho.
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