El despertador a sonado a las seis. En el quinto sueño. En menos de una hora estábamos ya en marcha. El camión lo habíamos recogido y cargado la noche anterior. Vaya partida de Tetris nos echamos, y eso que sobraba sitio. Nos lo alquiló un abuelito bien rerri llamado Al - flanqueado en la foto por mi padre y por una servidora.
Ha sido un primer día sin incidentes pero no por eso aburrido. Mi pobre ha hablado poco en todo el viaje, síntoma de que el trancazo que tiene le ha dejado doblado. Tanto él como mi madre se dan una maña seria con el camión. Siempre está bien tener un oficio alternativo. A mi no me dejan conducir porque no se fían. La excusa es que quieren que mi historial de conductora siga como los chorros del oro para que no me suba el seguro del coche nuevo. Con la ilusión que me hacia a mi ponerme una camiseta blanca con cercos de sudor, meterme tabaco de mascar en la boca y cantar country a todo pulmón por la costa este. Me queda el consuelo de hacer de asistente de incorporación. Al no tenerle pillado el truco al retrovisor exterior derecho, mis progenitores necesitan ayuda a la hora de cambiarse a dicho carril. Tenemos todo un sistema: cuando no hay moros en la costa hay que gritar "¡Adelante!". Bueno, yo lo digo en un tono normal pero mi padre parece que está mandando a todo un ejército al
A la altura de Nueva York hemos cruzado un puente que impresionaba bastante, el Tappan Zee Bridge. Es una ruta alternativa para los listos como nosotros que no quieren atravesar la jungla manhateña. Poco después hemos visto un camión que llevaba una estampita - e
Al poco hemos parado a comer en una especie de Ars, pero a lo American Way of Life. Como en cualquier estación de servicio del mundo la comida era deficiente y había mucha fauna que comentar. A destacar la minipizza grasienta que me he zapado y los militares de uniforme que
Al rodear Washington DC hemos pillado el atasco más grande que he visto en mi vida. No es guasa. La recepcionista del hotel nos ha dicho que el tráfico desde la capital hasta donde estamos - en Fredricksburg, Virginia, a cien kilómetros de Washington - dura desde las 4:30 de la mañana hasta las 9 de la noche. Todo esto por seis o siete carriles de autopista en cada sentido. Para que luego la gente se queje de la M-40. Esto si que es para pegarse un tiro no, dos. Me aburría bastante y además me estaba quedando sopa así que me he entretenido mirando los coches. He visto uno que es que era carne de cañon. El coche en sí ya era feo con avaricia pero es que encima no le faltaba detalle: un tribal distinguidísimo, dos escudos - a falta de uno- del Barça, y una pegatina de los marines. Dispar.
A eso de las siete de la noche, y ya hasta el fandango, hemos decidido dejarlo por hoy. El alojamiento elegido ha sido un Holiday Inn, una cadena hotelera de toda la vida. Lo primero que hemos hecho, después de dejar a buen recaudo nuestro camión , ha sido ir al bar d


No hay comentarios.:
Publicar un comentario