domingo, 9 de noviembre de 2008

Por fin


El cuatro de noviembre pensaba quedarme en casa, con un vinito en una mano y el mando a distancia en la otra. Cuando le comenté mi plan a mi madre me acusó de seta y me dijo que me apuntara al sarao que montaban en Duke. Yo hice hecho caso omiso. Recién descorchado un tinto me llamó mi vecino Peter para animarme a dicho sarao. Al final me dejé convencer mientras me decía que una noche histórica es mejor no pasarla sola.

Llegamos al Sanford Institute of Public Policy a eso de las 9 pm. Había comida, cerveza y vino gratis. También se habían reunido allí unas 500 personas, de las cuales unas 490 eran simpatizantes de Obama. En el cuartillo donde daban los resultado vía Fox News estaban los 10 republicanos resignados que con un par habían decidido salir de su casa para ver la derrota de su candidato en compañía. De ser ellos yo creo que me hubiera quedado en mi casa, pero con algo más fuerte que un vino. A eso las 11 pm oímos un estallido de aplausos y gritos pero con tanta gente no alcanzabamos a ver la pantalla gigante. A pesar de que todas las encuestas le daban la victoria a Obama yo tenía el corazón encogido. Respiramos tranquilos al darnos cuenta de que los gritos confirmaban lo que todos llevábamos meses esperando. Hay que ver lo bien suena eso de President Barack Obama.

Peter y yo nos quedamos a escuchar las declaraciones del derrotado. Después nos fuimos corriendo al coche y volvimos desempedrando a mi casa para ver el discurso de nuestro siguiente presidente. Es el I have a dream de nuestra generación. Cuando de pequeña escuchaba a Martin Luther King Jr. en las cintas de cassette de mi madre nunca pensé que viviría un momento de una relevancia histórica similar. Para celebrar mi equivocación me serví una copa del vino que seguía abierto en la encimera.

Si alguien me hubiera dicho hace cuatro años que tendríamos a alguien como él en la Casa Blanca le hubiera mandado a donde da la vuelta el aire, por iluso. Sin embargo el cambio ha llegado, y ya era hora. Muchos estamos hartos de defender que entre la mayoría del pueblo americano y los actuales simpatizantes de George W. Bush media un abismo. A esos que dicen que Obama va a destrozar el país, por marxista, por negro, por blanco, por inexperto... les digo primero que beban agua y segundo que ellos ya tuvieron su momento. Este país que tanto dicen amar es una democracia y el pueblo se ha pronunciado. Ahora es nuestro momento. Por fin podemos llamar al ocupante del 1600 de Pennsylvania Avenue nuestro presidente con la cabeza bien alta.

lunes, 13 de octubre de 2008

Pasados de tuerca


Hoy me ha comentado un compañero una noticia interesante: una chiquilla se ha cambiado legalmente el nombre de Jennifer Thornburg a Cutout Dissection.com. Es decir, que la pava esta se ha puesto Eliminar como nombre de pila y de apellido Disección.com. Con un par. Por lo visto nuestra querida Cutout trabajó de becaria para PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), esos que se pasean desnudos todos los años, pancarta en mano, por los San Fermines. Se ve que la experiencia la inspiró de tal manera que decidió dar su nombre por la causa. PETA, agradecidísimos por esta muestra de dedicación, le ha dedicado una página a la ex-becaria. La dirección no podía ser otra: http://www.cutoutdissection.com. El angelote tiene cara de comprometida y de que le guste mucho el tofu.

¿Sabéis quién tiene también un sitio web propio? Nuestra ministra de Igualdad: Bibiana Aído. Bueno, ella más bien hace colección de páginas. Flicker (fotillos con sus colegas del partido, comics tronchantes, gráficos), ¡sile!, blog (con mogollón de @s que es lo último), ¡sile!, canal YouTube (cantidad de entrevistas en las que sale divina), ¡sile!, Twitter (qué le gustan las redes sociales), ¡sile! Le voy a cambiar Facebook y Myspace, que los tengo repes, por un enlace en su blog. Juventud, progreso, modernidad: divinos tesoros.

Tanto Cutout (cada vez que tecleo su nombre me descojono, porque me da la gana, Bibiana) como la ministra Aído defienden causas validas con las que estoy mayormente de acuerdo pero les pierden las formas. Como dicen por estos lares, "you have to pick your battles", "tienes que escoger tus batallas". Hay mejores maneras de promover la igualdad que dando patadas al diccionario y mejores maneras de impedir la muerte de animales inocentes que ponerte un nombre irrisorio. Deberían conocerse estas dos luchadoras natas. Con los sabios consejos de Bibiana, Cutout podría llegar hasta la Casa Blanca. Candidatas más raras se han visto.

Hablando sobre Cutout en el laboratorio, hemos mentado a otros personajes que también me encantan: los diecinueve miembros de la famila Duggar. Son diecisiete hijos, papá y mamá. Como su prole les sabe a poco, tienen otro churumbelico en camino, bendito sea el Señor. Por si ser una familia-orquesta relinda no fuera suficiente para querer darles un achuchón colectivo, todos los hijos tienen nombres que empiezan con J. Dios mío qué ricura. Con semejantes portavoces lo que no entiendo es como hay americanos que no están adscritos al movimiento Quiverful. Mañana mismo me voy a hacer de este grupo cristiano-evangélico que nos incita a todos a "recibir cuantos hijos Dios nos quiera dar".

Visto lo visto, si quiero que la gente me preste atención tengo mucho que aprender. Voy a parir 50 churumbeles y les voy a poner a todo@s el mismo nombre: Memolanlas Patatasbravioli.com. Vamos a montar una troupe de expresión corporal para llevar el mensaje de la Iglesia del Flying Spaguetti Monster por todo el mundo. Os dejo para a ponerme a ello.

domingo, 12 de octubre de 2008

La casa de una gafotas

Lo prometido es deuda: mi casa por fin está presentable. Aquí tenéis las fotos*. Hoy me he deshecho de las últimas cajas gracias a una cómoda que he comprado. He tardado tres horas en montarla, y eso que no he metido la pata ni una vez. No os la voy a presentar porque estamos regañadas. Durante el proceso de montaje me ha arañado repetidamente. He tenido un fin de semana de una torpeza infinita. Al desmontar las cajas con unas tijeras me he pegado un tajo en la mano de unos tres centímetros. Yo creo que era para compensar que ayer, mientras rallaba patatas, me llevé un cacho de la otra mano por delante. Como dice mi amigo Julián, soy una gafotas.


A pesar de mis heridas de guerra os voy a dar un tour por La República Independiente de mi Casa. Según entras te encuentras con un pasillito. A la derecha hay una armario y a la izquierda tengo colgado un espejo antiguo en el que hay encajada una foto en sepia de Venecia. Monísimo. Esa barra que se ve a la derecha es parte de la cocina americana. Esa pizza, echa por una servidora, no es de atrezo. Me he comido la mitad antes de ponerme a escribir. Mi cocina es chiquitusa pero tiene de todo; hasta un mini-mueble para vino encima de la nevera. Tampoco me faltan electrodomésticos: cafetera programable, batidora, tostadora, microondas gigante...

Si seguimos andando en dirección paralela a la parte más larga de la barra y giramos a la derecha nos encontramos con el comedor, o mejor dicho, la sección comedor del salón-comedor-estudio. La mesa por lo visto es antigua. Me la encontré llorando en el sótano de mi abuela y me dije "a la saca", o más bien "al camión". Ayudé a mi madre a lijarla a mano, a darle un tinte y a darle cuatro capas de barniz, que se dice pronto. Cuando estoy en una encrucijada, y no se por dónde tirar me pongo mi gorro de cowgirl, me abro una birrita, y con un trozo de césped en la boca dejo que la mecedora me aclare la mente. Ésta y la otra silla también me las encontré danzando por la casa de mi abuela. Las estanterías las monté yo mismita. No sólo no tardé tres horas sino que además no se ensañaron conmigo, lo cual agradezco.

Si venimos de la cocina, y en vez de girar a la derecha seguimos to tieso nos encontramos con el salón-estudio. El extra es mi vecino Peter. No tiene internet porque dice que le distrae. Así que cuando necesita consultar algo se baja del tercero al segundo a hacerle una visita a mi Mac. Hoy me ha pillado con la mascarilla de maíz azul en la cara y el antifaz antibolsas puesto. Como no ha salido corriendo me reafirmo en que es un tío cojonudo. El futón está solito, esperando cualquier vista para convertirse en una comodísima cama. Las estanterías esas también las monté yo. A ver si el año que viene ahorro un poquito y me compro una tele para la cual no necesite gafas de aumento. Sí, eso que veis al fondo es una terracita. Caben dos sillas como máximo pero a mí me sobra.

Si al llegar al futón giramos a la izquierda entramos en el baño. He colgado unas fotillos en plan paisajístico para relajar a las visitas. A la izquierda tengo un lavabo y unos armarios, nada del otro mundo. Por aquí no hay mucho más. Vamos a darnos la vuelta.

Si al salir del baño giramos a la izquierda llegamos a mi habitación. Mi cama es mi lugar favorito de la casa. El colchón me lo traje de Worcester pero la cama es nueva. A la izquierda tengo una cómoda, con la que estoy de buenas, y un armario en el que podría entrar andando con facilidad si no fuera por las cantidades ingentes de ropa que tengo. A la derecha tengo un ventanal que ocupa casi toda la pared y la cómoda malvada.

Ahí los tenéis, mis 61 metros cuadrados. Están un poco vacíos pero todo se andará. Os prometo que mi chocita parece más grande al natural. Si no me creéis pues venid a verme y lo comprobáis vosotros mismos. Si venís en manada y el futón no es suficiente tengo también un colchón hichable que es gloria bendita. Si con eso no os he convencido me rindo.

*Siento que no sean mejores; hago lo que puedo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Por amor al baloncesto

Si queríais una americanada, y sino también, os vais a tomar tres tazas. Este fin de semana me he ido de acampada. Pero no os penséis que me he ido al campirri, no. He estado 36 horas exactas, desde las siete de la tarde del viernes hasta las ídem de la mañana del domingo, acampando en todo el medio de la universidad con otros 1500 estudiantes de postgrado. Es el Duke Graduate Student Basketball Campout*.

Os preguntaréis, ¿qué tiene que ver el baloncesto con irse de acampada? Pues en Duke mucho. Si quieres entradas para toda la temporada de baloncesto tienes que acampar. Los más normales lo hacemos en tiendas y los pijales en caravanas. Pero la cosa no es tan sencilla. Los organizadores tienen una sirena, como las que hacen sonar en las películas de guerra cuando se acercan los bombarderos, con la que te pueden tocar la moral en cualquier momento del día o de la noche. En cuanto la oyes te tienes que acercar a una carpa, ponerte en la fila que corresponde a tu apellido y esperar a que un paisano te ponga una crucecita al lado de tu nombre. Repito que esto lo hacen 1500 personas, todos a una, Fuenteovejuna. Si faltas al toque de diana más de una vez ya no puedes optar a las entradas.

Como os podéis imaginar, es un fiestón en toda regla. Hay DJs, karaoke, torneos de Guitar Hero, y mucho mucho alcohol. La peña va como Las Grecas y claro, les da un poco más igual que toquen la sirena a las tres la primera noche. Eso sí, te acuerdas de la madre de más de alguno cuando ya te has dormido y te despiertan a eso de las seis de la mañana. Esto pasó tanto el sábado como el domingo. También es divertidísimo cuando el sábado por la noche, o más bien el domingo de madrugada, lo único que quieres es sobar y te tocan la sirena, además de los cojones/ovarios o lo que sea, tres veces en viente minutos. Te levantas como puedes, con un resaca de órdago y una legaña atravesada. Después te acercas a la carpa arrastrando los pies y soltando todo tipo de improperios.

Ah, hay que decir que no hay baños, sino letrinas y que tampoco hay duchas. Si te quieres asear el sábado tienes que dedicar cuatro horas, desde las ocho de la mañana hasta el mediodía, a una de las actividades de voluntariado que tienen organizadas. Al terminar te dan una hora y media para que te vayas a casa, te duches y vuelvas al campamento. Yo, por supuesto, daría mi reino por estar limpita así que me apunte al proyecto del Centro de Víctimas de Violencia Sexual de Durham. Tienen una tienda en la que venden ropa y accesorios que la gente dona. Todo lo que sacan va para ayudar al centro. Así que me pasé la mañana etiquetando y colgando ropa. Al terminar me fui a casita y me di una ducha gloriosa. Me costó la vida decirle que no a mi cama suplicante y volverme al campamento.

Como ya habréis deducido, en Duke el baloncesto es una religión. Los miembros del equipo son unos semidioses presididos por su entrenador, el divino Mike Krzyzewski. Como los estudiantes no tenemos un duro para compararle unas vocales al susodicho preferimos llamarle Coach K. No sólo es el entrenador del equipo de Duke sino también del equipo olímpico americano. Si, de esos que nos robaron el oro en Pekín. El caso es que Coach K y sus chavales se acercaron al campamento el sábado por la noche a saludar al personal. Él es un cachondo. Nos habló sobre su plan de ataque de este año, se marcó unas guasas, y nos enseñó el vídeo que les puso a los jugadores del equipo olímpico antes del último partido. Me tocó un poco la patata, y eso que a mí los deportes me emocionan menos que un cocido.

Se me ha olvidado comentar que esto del campout es trabajo en equipo. Es decir, que quien gana entradas en un grupo de colegas las comparte con el resto. El coste, 150 dólares, también se reparte. Nosotros éramos diecisiete, apodados Los Chefs porque para ir a los partidos nos vestimos de esta guisa. En Navidad me voy a comprar un delantal de lunares para darle un toque flamenco al grupo. Así se me verá mejor cuando pongan los partidos en la tele. Cada chef tiene un utensilio de cocina característico. Yo creo que me voy a pedir el mortero.

Al terminar esta locura, todos aquellos que no se hayan perdido más de un toque de diana entran en el sorteo de las entradas. Dependiendo de las veces que hayas acampado y de la suerte que hayas tenido en años anteriores la probabilidad de que te toquen las entradas cambia. Yo, por primeriza, tenía una papeleta, los que acamparon el año pasado pero sin coseguir entradas tienen tres, lo que llevan dos años sin conseguir entradas tienen cinco papeletas y así sucesivamente. Si te tocan las entradas al año siguiente sólo te corresponde una papeleta. De los diecisiete que éramos en mi grupo han ganado nueve. Y digo han porque yo no he tenido mucha suerte. Simpre me quedará el año que viene. Aún así voy a ir a más de la mitad de los partidos. La movida es que yo no soy muy fan del baloncesto. Bueno, tengo un mes para convertirme en una devota más, para buscarme un gorro de cocinera y para comprarme un mortero.

*Aquí tenéis un vídeo donde se ve mejor de qué va el rollo que en mis fotos.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Un Merlot sabroso en la tómbola

A riesgo de repetirme voy a decir que desde que he llegado he tenido la suerte de conocer a gente de pu... estupenda. El único defecto que tienen es que, al no ser ingenieros, tienen menos tiempo libre que yo, de momento, y por ende salen menos. Por esto mismo me quedé en casita el viernes. Sí, triste pero cierto. Mientras algunos estabais de farra en las siempre grandes Fiestas del Santísimo Cristo de los Remedios yo estaba con un Merlot en la mano viendo una película, mala por cierto. La verdad es que no me viene mal prescindir juerga. Así ahorro. Esa es la versión oficial.

El sábado fue un día de esos en los que el césped es más verde, el sol brilla más, y los pájaros cantan mejor. Mundo de Yupi. Todo esto tiene más mérito todavía cuando tenemos en cuenta que fui al laboratorio de diez de la mañana a dos de la tarde. Repito, un sábado. Josh había quedado en hacerle unas pruebas a un sujeto implantado y yo quería verlo. No es por hacerme la interesante pero creo que no puedo dar muchos detalles, por cuestiones de ética al tratar con sujetos humanos. Lo que sí puedo decir es que el hombre fue encantador. Entre prueba y prueba me contaba su historia, su antes y después del implante. Me toco la patata y tuve que esforzarme por que no se me escapara ni una lágrima. No se mucho sobre el protocolo en este tipo de situaciones pero creo que llorar no es lo más profesional.

Por la noche quede con Andrea, Doménico y Germán*. Sabíamos que había un sarao en la universidad llamado Salsa on the Steps. El grupo de baile latino, Sabrosura -esto hay que decirlo siempre con accento cubano mientras uno se contonea, sino pierde la gracia- organizaba unas clases de salsa seguidas de baile libre. El lugar elegido: las escaleras delante de la capilla de Duke. Lo de capilla creo que se queda un pelín corto. Había gente que bailaba de vicio, como Andrea y Germán. Ambos son colombianos y se nota que, como se suele decir en estos casos, lo llevan en la sangre. También había un grupo de angelotes, guiris en su gran mayoría, arrítmicos. A ver, yo me niego a bailar salsa delante de un grupo de latinoamericanos que me dan sopa con ondas. Sin embargo, mejor que algunos de esos pobres si que bailo. Al final me animé pero mi valentía sólo duró una canción. De aquí a unos meses voy a montar un evento algo más cañí: Flamenco (Fusión) on the Steps. Me voy a traer a mi prima Laura como atracción principal y a unos gitanos del Cardamomo. El resto haremos lo que podamos. Arriquitráun. Al menos me luciría un poquillo más. Nuestra noche continuó en en un restaurante divino llamado George's Garage, donde también había un sarao salsero. Yo bailé, eso sí, desde mi banqueta.

Del domingo hay poco que contar, aparte de que fui al cine a ver Burn After Reading, la nueva película de los Cohen. La pongo un 8 sobre 10. Es un humor o te encanta o lo odias. Yo soy de las primeras. Los personajes están todos el almendro y muy bien interpretados. La historia está bien pensada. Las palomitas estaban buenas. ¿Qué más se le puede pedir a un domingo por la tarde? Como tenía mono de más cine, al llegar a casa vi una de esas películas de las que no me canso: Philadelphia. La temática me hizo recordar uno de los mejores documentales que he visto: The Age of AIDS. Cuando tengáis un par de horas libres verlo gratis por internet. Eso de "vale la pena" se queda corto.

De hoy mejor no hablar mucho. He tenido un día de esos en los que cuanto más te esfuerzas menos resultados obtienes. He decidido descargar mi ira con las máquinas del gimnasio. Al ojear las playlists de mi iPod he visto la solución a todos mis problemas. Megamix de Marisol. Y la vida ha dejado de ser frustrante para convertirse en una tómbola, tom-tom-tómbola de luz y de color.

*Si no fuera lo peor a la hora de acordarme de sacar la cámara os podría poner unas fotillos. Seguro que estáis hartitos de imágenes de archivo, o sea, de Google.